PASEO POR LA AMÉRICA ANDINA
Foto: Isabel Rincón
(Las Veladas sobre el autor: Miquel Jordana es Politólogo por el Instituto de Estudios Políticos de París - Sciences-Po Paris - con especialización en estudios latinoamericanos)
Me acabo de venir a instalar a Colombia con mi pareja, y tuvimos la suerte de poder hacer el viaje por tierra, recorriendo el norte de Chile, el altiplano boliviano, Perú y Ecuador. Andábamos de mochileros medio cuicos (chetos), quedándonos algunas veces en albergues de mala muerte y otras en hotelcitos junto a los jubilados europeos y gringos. Son muchas cosas muy distintas las que uno ve en un viaje así, imposibles de resumir en pocas líneas, pero si hay algo común a estos países es la importancia de la población indígena o mestiza, visible aún en sus ropas, costumbres, idiomas, manifestaciones artísticas y creencias. Han seguido vivas pese al saqueo y humillación en los que sometieron a hombres y dioses en el pasado, y al menosprecio en que los sometemos aún hoy.
Hasta hacer este viaje yo no me había dado realmente cuenta del enorme patrimonio histórico y cultural de nuestro continente. En Chile, a causa de los terremotos y la tontera de muchos gobernadores y urbanistas, queda poco o nada de las antiguas construcciones, incluso coloniales. Hasta creía que el patrimonio arquitectónico de antiguas civilizaciones o culturas era exclusivo de los europeos. Y no. Bolivia, Ecuador y sobretodo Perú, albergan una riqueza histórica impresionante, pero que podría ser mucho mayor. Cada vez me asombra más la brutalidad e intolerancia con que reyes, conquistadores y religiosos trataron a los indígenas hace 500 años.
En 1493, el Papa Alejandro VI, en nombre de Dios, dispuso de tierras ajenas, tierras habitadas hacía siglos por otros, y las repartió como pedazos de torta entre monarcas europeos de la época. El reparto incluía, como una promo, todo lo que las tierras tuvieran: riquezas y personas. Entonces los conquistadores, en nombre de Dios, esclavizaron y masacraron a los indígenas de estas tierras. Desdeñaron su experiencia y sabiduría, e intentaron exterminar de raíz su cultura, quemando o fundiendo sus imágenes religiosas y castigando al que profesaba otras creencias con la horca o la hoguera.
Cuando llegó Francisco Pizarro al norte de Perú, le pidió cita a Atahualpa, el Inca, y le tendió una trampa: escondió a sus hombres y mandó a un sacerdote, Vicente de Valverde, a su encuentro. Valverde le pasó la Biblia diciéndole que esa era la palabra de Dios, el único. Atahualpa se la puso al oído y al no escuchar nada la dejó caer al suelo. Entonces Pizarro y sus hombres gritaron sacrilegio, dispararon a matar sobre la multitud de incas desarmados y apresaron al Inca. Pidieron un rescate: levantaron la mano y a la altura de la punta de sus dedos trazaron una línea colorada, y pidieron llenar 3 habitaciones de oro y plata hasta donde indicaba la línea. Trajeron los incas sus tesoros más preciados, soles de plata, otros dioses y esculturas de oro. Lo fundieron todo. Y enviaron siglos de arte a España transformados en lingotes, en total más del doble de lo que gastaba toda la corte del Rey en un año. Y a Atahualpa le cortaron la cabeza.
Es incalculable la riqueza cultural que se perdió durante la conquista. En el Cusco, la capital del imperio Inca, entonces más grande que Europa, sólo quedan hoy los cimientos de sus templos. Todos fueron destruidos y sobre ellos construyeron iglesias. Sus adornos e imágenes fueron fundidos. Ningún edificio entero sobrevivió. Los incas, que ni siquiera conocían la rueda, habían desarrollado técnicas arquitectónicas sofisticadas. Un peruano que conocimos se extrañaba de que los conquistadores ni siquiera hubiesen aprovechado esa sabiduría: después de numerosos terremotos, las iglesias de barro y paja eran reconstruidas unas después de otras, sobre los cimientos incas que nunca caían. Por suerte Machu Picchu no fue “descubierto” hasta principios del siglo XX.
Hoy ya no cometemos las bestialidades de antes, a pesar de que aún muchas tumbas siguen siendo pilladas y muchos tesoros hasta ahora escondidos son vendidos de contrabando. Sin embargo, seguimos menospreciando a estos pueblos a través de nuestra indiferencia. Seguimos mirando a Europa y a Estados Unidos como modelos e ignoramos la riqueza que tenemos a la vuelta de la esquina.
Acabo de entender el verdadero sentido de la expresión “países andinos”. La mayoría de los chilenos tenemos a Los Andes como telón de fondo durante toda nuestra vida, los vemos casi permanentemente, los usamos para orientarnos, los cuicos la esquían con lentes de sol. Pero no la vivimos, es como una pintura en un museo. En Bolivia, Perú y Ecuador, en cambio, la cordillera es la ciudad, y las personas son sus habitantes: la viven. Ésta es la verdadera Sudamérica indígena, la más rica en historia y patrimonio del continente, pero también la más lastimada, desdeñada y olvidada.
1 comentario
Te felicito Miquel, muy linda tu nota. Menos mal que no pasaste por Argentina. Aquí no solo hemos destruido el patrimonio cultural en lo que a arquitectura se refire, sino que seguimos humillando y confiscando su territorio a nuestros pueblos originarios. Una buena estadía aqui en Sudamérica.
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