PERSPICACIAS LIPEMANÍACAS VI
M.C. Escher (1898 - 1972), Bond Of Union, 1956.
Derecho, apodérate, agárralo, pero tranqui; traga y traga. Inspiración y expiración. ¡Tomalo todo! De pronto se te presenta la posibilidad y no aprovechar es casi una picardía. Palabras ávidas de sentido de referencia pero sordas al sonido sentimental y explosivo de aquellos destellos que de vez en cuando nos hacen creer que, en realidad, está todo digitado. Todo tiene sentido ahora. Es un plan maravilloso y con un final; ya ni importa si es feliz o no. Tiene un principio y un fin y con eso es suficiente. La cagada es que a veces una marcha piquetera, una peli de sábado a la tarde o una persona que te hace sentir “apreciada” pueden retrasar el desenlace. ¿Y entonces? Decimonónica nostalgia que grita incomprendidamente: “¡cuando te vas a arrepentir!?”
Le encanta vagar en las playas al sol. Pero siempre duda acerca de si sumergirse o no en el mar. Tal vez no sea una buena idea. Después, con arena pegada en las pantorrillas es muy complicado. Sacársela. Lavársela. Limpiarse esas piedritas que se adhieren a nuestro cuerpo como cicatrices. Heridas. Un poco de alcohol etílico y a otra cosa mariposa que sólo queda un día. Escurre y reposa en cada flor, en cada atardecer y con algo de suerte conservará su idea bajo el reflejo de una vitrina esmerilada. Historia de ciclos perfectamente inconclusos. No me satisface y el hambre sigue creciendo. Desayuno suculento, almuerzo abundante, lunch al sol y cena hedonista. Pero especialmente bebidas. Muchas bebidas.
El silencio de mi habitación se abre paso como un infierno. Diálogo socrático sin partera. Se queda trabado adentro y no ve el destello que acompaña el fluir de tanta bebida. Luego, una palabra extraña (e insospechada) se abre paso como un cielo inconmensurable. Discusiones pirronistas sin sinceridad. Me libero expulsado hacia fuera y sólo puedo saborear la nostalgia que espera en una caja de madera el momento de su entrevista (a las 3 pm). Mejor dejemos todo encerrado y no hablemos de ello más que con eufemismos convencionales: “Que bárbaro el cambio climático”, “no puede ser este calor en invierno”. Cuanto más fácil discurrir sobre la objetividad mundana. Así nunca abro mis vísceras y no debo dejar salir lo que en unos años será la putrefacción de lo irresoluto…
Joven y suave. Inteligente y sofisticada. Diferente en soledad. Pequeñas manos, pequeños pies, pequeña boca. Que lindo que es ser uno mismo y cuanto más fácil es ser alguien distinto. Distinguido. Es una cuestión de practicidad, de acomodación. Responsabilidad. Si no aprieta se corre el riesgo de morir en la contemplación paralizante de lo bello. Imposible vivir de nuestras percepciones.
Se despierta de una siesta, se lava los dientes y empieza a rodar: sólo los objetos circulares ruedan, repiten y no se sabe donde empiezan y donde terminan. Perfección de lo inaprensible u horror de lo inabarcable. Algún jueves se da tregua y se dedica a pensar en lo que debe estar pensando el otro, ese que nunca es el mismo. Mientras la ceguera siga avanzando menos queda ya por observar. Como un asesino a sueldo de película norteamericana; sin familia, sin oficio, sin amigos. Toma el timón y lo ajusta en dirección a ninguna parte. Firme en su destino, deja de lado todas las conjeturas y las maquinaciones condicionales ( “si…tal vez…”) convencida de que la oscuridad de una caja permite sondear las interrogantes sin responder nada. Abulia. Recuerdos de infancia que afloran mientras olvida el presente. Ideas de sí que eclipsan la emergencia pasional de palabras que no se oyen, de un tiempo que sucumbe a la programación. Fue la culpa de ese heladero: no tenía frutae de manzana y tuvo que conformarse con el de limón.
Y si me voy, antes de envejecer, tal vez el tiempo se detenga y pueda contar con más tranquilidad. No me olvides. Y si muero, antes de nacer, tal vez el llanto inunde represas y termine contaminando el predecible final. Un último vaso de vino, sangre de los desposeídos que licencia tres días de letargo antes de la emancipación. Un último vaso de agua, naturaleza divina de la degeneración que imposibilita tocar fondo. Decisiones que afectan y dilatan la plausibilidad; destino profético que duerme en almohadas mojadas de baba y sal. Izquierda, desposéete, suéltalo, pero con viveza; escupe y escupe. Expiración e inspiración. ¡Adiós a la nada!
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