ÉRAMOS TAN RUINES

Puerto Madero. Excelente foto de John Connell, Buenos Aires Reflected-CC-
“Porque quiero que mis hijos elijan si quieren ser honestos o no. En Argentina no pueden elegir”. Con ese argumento un argentino explicaba en tiempos pos crisis 2001 porqué había emigrado a un país con un PBI mayor al argentino y con menos desempleo y pobreza. Sin embargo, no aludió a esas ventajas económicas para argumentar su opción de irse sino a una explicación moralista en la que también incurrieron muchísimos otros compatriotas que eligieron un borrón y cuenta nueva en tierras prósperas. De ese modo, ellos dejaban de percibirse como inmigrantes sino como exiliados, víctimas de un sistema y de una sociedad, en la que ellos, situándose por encima dado una serie de virtudes morales diferenciales auto atribuidas, no encajaban. Ellos eran diamantes rescatados del barro por el primer mundo.
Esa convicción se les reforzaba cuando veían que en sus nuevos países el tránsito era más ordenado y los diarios no mostraban tantos escándalos de corrupción. “Acá son serios, no como allá” “Acá no son todos chorros” y bla bla bla sin mucho fundamento. Nuestra crisis - tres largas décadas de recesiones y recuperaciones ficticias - para esa gente se debía a razones sociológicas y no económicas. Ese discurso, que no era propio de los emigrantes - simplemente los uso como ejemplo - sino de gran parte de los argentinos, resultaba en una lógica autodestructiva, flagelante, fatalista e inmovilizante. Además de facilista.
Ahora vamos viendo como toda esa explicación, esa convicción de que éramos los peores del mundo, no era más que una construcción doñarosística, que lamentablemente no hizo más que demorar nuestra recuperación y por suerte se está estrellando contra la evidencia. ¿Y por qué nos estamos empezando a dar cuenta de eso? Básicamente por dos cosas: por la recuperación económica y mejora de los índices sociales y por la crisis en Europa (y encima en España, la tierra prometida de los emigrantes 2001). Este año la Argentina va a culminar su octavo año seguido de fuerte crecimiento económico (entre los diez más importantes del mundo según la CEPAL), la pobreza está por debajo del 30% - mucho, pero bien menos que el 57% en 2002 - la desocupación no llega a las dos cifras, y el último índice GINI (en esto ayudó el subsidio universal a los hijos de desocupados o trabajadores en negro) indica que la Argentina volvió a situarse como el país más igualitario de Latinoamérica.
Suena muy K lo que digo, pero son números objetivos. A la vez, en la tierra prometida (España) 3 de cada 4 personas ganan menos de mil euros - con los precios de allá es realmente poco - la desocupación está en más de veinte por ciento (!!!!), la subocupación el doble y el desempleo juvenil también el doble. Claro, ni en Barcelona ni en Madrid ni en Sevilla se ve miseria. Pero porque los millones de desocupados reciben un ingreso que les permite no andar en harapos, no vivir en asentamientos ni andar de caño. Ese lujo se lo deben a la Unión Europea. Más simple: si no hay miseria en España y por eso no está en el tercer mundo es gracias a los contribuyentes alemanes. ¿Y dónde quedaron las costumbres laburantes, honestas, solidarias que los emigrantes argentinos le atribuían a los españoles y que explicaban tantas líneas de Metro, gallegos tan bien vestidos, vacaciones en Mallorca para todos? ¿Dónde quedaron sus dirigente estadistas? ¿Sus Felipe González, sus Aznares? ¿Sus pactos de la Moncloa? En la nada. Era verso. Lo que sucede es que al norte tienen los Pirineos y Francia y no el Río Bermejo y Paraguay.
España es víctima de una moneda cuya fortaleza no está acorde con su economía real y las décadas de prosperidad en la que se acostumbraron a vivir no tenían una verdadera base productiva: muchos ladrillos, mucha inyección de plata europea, pocas fábricas. Con esto no quiero decir que al final los españoles eran tan malos como nosotros. Para nada. Ni tampoco que nosotros somos mejor que ellos. Simplemente creo que no somos tan malvados e incapaces como creíamos y que no hay que buscar el origen de nuestros problemas, aunque sea no de los macroeconómicos, en el “somos los peores del mundo”. Estas líneas también son una imagen: dos de la tarde, consulado español, ninguna cola. Bienvenida autoestima.
2 comentarios
brillante eneas, brillante.
muy bueno el post!! Felicitaciones. Creo que por eso, España debería perder los octavos de final, y por tanto los países sudacas pasar. De esta forma, el mundo se daría vuelta. Abrazo y hasta la próxima.