LA CULPA ES DE LAS MONEDAS

(Las Veladas sobre la autora: Alejandra Koser - trelewense afincada en un departamento de Palermo - estudió Comunicación Social y colaboró con varios medios gráficos)
Parecía que el problema más grave con las monedas es que no hay. No se puede viajar, no se puede dar vuelto, siempre algo que traba, que demora como un piquete: de eso se trata el caos de Buenos Aires. Y con alarma, porque la mayoría de las notas en televisión son para alarmar, todos supimos que hay un mercado negro de monedas en el que se venden a mayor valor; que los supermercados chinos casi continúan con su plan de darnos un vale por el cambio imposible, y de ahí a una moneda paralela hay un paso, caos, caos.
Que el redondeo no es “la” causa de la inflación pero bien que ayuda; amenazas de desorden social que se confirman en el día a día, no son un invento mediático eh, porque el taxista que me dejó en Las Heras y Agüero y me tiene que cobrar 13,70 mira los 15 pesos que le di y los baja, tira la cabeza para atrás, dice que hoy se la pasó cobrando de menos, quiere fusilarme. No es justo que me toque compensar sus pérdidas del día: lléveme unas cuadras más hasta que lleguemos a 15 pesos.
La falta de monedas debe desalentar la limosna. Nos quedan los billetes, claro, pero tenemos otras excusas mucho más comprometidas socialmente.
Detrás de una moneda hay: prostitución, alcoholismo, drogadicción. En Pereira, en diciembre pasado, y luego en otras ciudades de Colombia, se lanzó una campaña por la NO-LIMOSNA en la que se develaban, a través de un volante, los males causados/fomentados/inducidos (la conexión no queda clara) por la costumbre de darle dinero a personas sin recursos. La lista de estos males ocultos incluía: falsas familias de desplazados, falsos discapacitados. Al lado de la explotación sexual se denunciaba otra cosa muy distinta y que podría definirse como falta de sinceridad por parte del que solicita la ayuda.
Ya lo dijo Galeano: “los mendigos aprenden que la verdad no es eficaz. Un buen profesional nunca pide unas monedas para el vino. No, no: extiende la mano suplicando una ayuda para llevar a la anciana madre al hospital, o para pagar el cajón del hijito que acaba de morir, mientras con la otra mano exhibe la receta médica o el certificado de defunción”.
Detrás de una moneda hay: indigencia. Eso lo dice también el volante. Y el tema no es que acusa a la limosna de asuntos triviales e inherentes a ella como la sobreactuación por parte del que pide (¿y a qué se refiere con “falsas familias de desplazados”? ¿a que los lazos parentales son fingidos?); la cuestión no es, tampoco, que invierte los términos cuando pone a la limosna como causa de la indigencia; porque no vamos a discutir con un panfletito que no se puede defender, como un muerto, y que de todas formas nunca aspiró a la coherencia, sino que lo llamativo es que el Estado se meta acá, en este intercambio que por definición es voluntario y subjetivo, más o menos libre, y proponga un bono para que los “beneficiarios” puedan acceder a centros de ayuda, alimento y camas, provistos por el propio Estado.
Se puede discutir cuál es el rol del Estado que se pone de manifiesto con estas prácticas, por ejemplo. A mí me interesa que esa campaña asume y explicita un conjunto de argumentos contra la limosna que circulan también en la sociedad argentina.
“No le des, si igual se va a comprar vino” se dejó de usar hace unos años. Era un motivo para la NO-LIMOSNA que tenía esa voluntad de tutela parecida a la del Estado colombiano. En todo caso no le des plata, dale comida, como si uno fuera por ahí con latas de conserva en la cartera o se pudiera detener a comprarlas, y sobre todo, como si las necesidades del que pide sólo pudieran pasar por el alimento, no por OFF, toallitas, vino tinto. Entonces no le des dinero, dale comida, no le vas a dar la única mercancía que se puede intercambiar por cualquier otra, la única que es “equivalente general”, como decía Marx. A ver si se compran lo que quieren. A ver si se compran paco.
Yo creo que el argumento que más pegó últimamente fue el de la explotación infantil: ese chico que pide dinero en la calle, en realidad, está siendo utilizado por un adulto. Darle plata sería hacernos cómplices de una red que lo excede y lo somete. Sin dudas, esta afirmación es mucho más prestigiosa, la preocupación por la explotación, la violencia y todo eso. Pero además, es mucho más radical: la condena contra la limosna es cada vez peor, implica hablar de niños, y siempre todo es más grave cuando hay chicos en el medio. El pretexto se pone más sofisticado, con tono más grave, cuanto más necesitamos una justificación para no bajar la ventanilla con la inseguridad que hay, para no tocar otras manos con las pestes que hay dando vueltas, cuando cada vez le tenemos más miedo al contacto con el otro pero también nos hace falta una razón para evitarlo, algo que nos exonere, una estructura superior, redes malignas e incontrolables, que nos salven las papas cuando no podemos con la caridad y sus procedimientos peligrosos, ese momento en que estamos solos, frente a frente, con una persona.
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7 comentarios
1 Peso = 2 alfajores en 2000
1 Peso = 1/2 alfajor en 2010.
Habría que soltar un poco más los bartolomé no?
Lo de los pretextos me parece que es expresión de una hipocresía mucho mayor; aunque es verdad que, si bien puede ser que sean ciertos en algún caso, resultan muuuy convenientes para paliar el temor de la amenaza que representa “el otro” …
Peligrosas palabras para que los lean los burgueses porteños clase media que son avaros, ellos solos, gorilas. Medio pelo.
¿Que harían los mendigos si no recibieran más limosna? ¿Morir de hambre? no creo ¿Enojarse? Quizás, …quizás hasta irían a golpearle las puertas a los que realmente deberían encargarse de darles una oportunidad de vivir dignamente. Los que dan monedas son cómplices de este sistema de vida tan cristiano, los que dan monedas se sienten felices por hacer su buena acción del día, se horrorizan del espectáculo del lisiado lloriqueando, del nene descalzo haciendo malabares o de la embarazada que está tirada en la vereda y esa moneda es la propia culpa que sienten por ser dueños de una vida más cómoda, y al deshacerse de ésta la alejan de sí y se la pasan al otro, “podría ser yo si no hubiese tenido la suerte de nacer en mi familia” piensan. Si el transeúnte que tiene monedas para repartir realmente se sintiera comprometido con la situación de la persona que está mendigando, le invitaría a comer, a charlar -¿Qué te gustaría hacer para vivir?- Le preguntaría, quizá esa persona sea capaz de hacer algo que el otro necesita y así se podría pagarle por algo digno; “¿capaz de algo útil? …¡pero si se nota que no tiene educación!” piensa al mismo tiempo el generoso ciudadano, quien tampoco tiene tiempo, ni quiere acercarse demasiado a este “cuasimodo” (¡mirá si me roba!) y entonces regala la moneda que se está pidiendo, su cuota del pasaje al cielo, o lo que es peor, le compra un sandwich porque (como dice la nota): “sino el pibe va y se compra paco, yo decido que se va a hacer con mi plata”. El dar monedas es un acto de falsedad de una persona a la que poco le importa esa gente y de complicidad con las peores cosas de la mendicidad, con los fines más obvios de esos centavos multiplicados que son la explotación infantil y la drogadicción en la mayoria de los casos y aún en los casos de personas que simplemente no pudieron alcanzar una vida mejor (que deben existir, por supuesto) se colabora para que sigan aletargados, incapaces de levantarse y gritar por sus derechos. Yo estoy en contra del asistencialismo, que es otro de los hijitos del capitalismo.
Estoy de acuerdo con el comentario de que los pretextos resultan convenientes para paliar el temor y la amenaza que representa “el otro”, tambien con el hecho de que el articulo contiene peligrosas palabras para la burguesía toda, que por cierto (y lamentablemente) no es exclusiva de los “porteños”. Del asistencialismo, hijito del capitalismo, no se puede hacer otra cosa que estar en contra.
Sembrar una polémica sana en estos tiempos es una premisa que se recibe con agrado y es un buen ejercicio para ponernos a reflexionar, al menos eso, reflexionar nosotros y hacer reflexionar al resto. Este es, sin lugar a dudas, el camino que estoy dispuesta a recorrer para llegar a alguna solución. Puede que no sea el camino mas ruidoso, puede que tampoco sea el mas rápido, pero creo que es el único que nos beneficiaría a todos.
[...] Leé el primer post de Alejandra Koser, aquí: LA CULPA ES DE LAS MONEDAS [...]
Los desplazados en colombia son campesinos que tienen que migrar a la ciudad por problemas de violencia (guerrilla, paras, ejercito) como son gente de campo ser parte de la ciudad les queda dificil, generalmente las mujeres trabajan limpiando casas o departamentos y los hombres como obreros (cuando la economía y la construcción lo permiten) pero hay muchos que se dedican a pedir limosna, tienen carteles especificando que son desplazados y de cual zona del pais son, a lo que se refieren con falsos desplazados es a personas que no son del campo y que se dedican a pedir limosna como si fueran, la gente en la ciudad generalmente simpatiza mas con un desplazado que con un citadino.
Nanda, con mi pregunta yo intentaba cierta ironía por la forma de la expresión “falsas familias de desplazados”, donde parece que lo fingido es la familia. Como vos bien decís, debiera decir “falsos desplazados” en todo caso. Me parece que la incorrección tiene que ver con la voluntad de acusar de mentirosos a los que piden limosna sin prestar atención ni a cuál es la mentira. Como si la falsedad fuera realmente un problema.
Lo que decís es muy valioso y me alegro de que hayas hecho la aclaración. Gracias.
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