PERSPICACIA LIPEMANÍACA V
Espirales - M. Duchamp - 1926
La crema batida que le puso a las frutillas estaba cortada y entonces se enfrenta con la sensación de que la vida ha sido un poco egoísta con él. Los aires de “Fortuna” con los que había soñado no llegan a efectivizarse de la manera esperada y, con la amargura de lo inconcluso, viene la necesidad de pronunciar deseos glotones de abundancia y novedad. El miedo anuda pensamientos que se sabían distanciados y la mente no le da tregua a la mente. “Para colmo de males, mi fecha de vencimientos también está grabada en la matriz del devenir universal”, se dice. Tal vez pueda imaginar un reino mejor; uno con un rey justo e imparcial. Uno donde no haya dudas. Donde la mayor preocupación sea gozar eternamente en compañía y tratos gentiles. “Algo mejor que estos destellos de acontecimientos tiene que haber”, se castiga. Algo más grande. Un motivo, una razón de ser, un significado, un porqué…
Otra mente atolondrada y ansiosa que se siente con el derecho de pedirle al universo algo más de lo que tiene. Consumidor insaciable y goloso. Desdeñar el maravilloso regalo de la conciencia puede resultar ser una granujería arriesgada. Nos pasamos por alto. Perdemos contacto con nuestra mundanidad y caemos en mendacidades fantasmagóricas sin la garantía de la dicha que nos espera en la carne. Este maravilloso complejo de nervios y fluidos, de sinapsis y mecanismos de fusión. Una idea de base y un nombre propio, y la posibilidad de mantener un registro de nuestras vivencias. Una ventana que se despliega en el universo y lo co-crea. Una entre 6000 millones. Vos y yo podemos fisgonear en los reflejos de nuestros apetitos, irrestrictamente. Tal vez así encontremos consuelo, redención y armonía con este proyecto caduco que terminará en reflexiones de “lo que podría haber sido si…”.
Deslices ridículos a vistas de todos. Todos quedan así expuestos. En este paraíso excepcional donde cuesta tanto crecer; donde es posible pensar que nuestros sueños sean posibles cuando son sólo sueños. Mejor goza. Relájate como un griego, purificate como un indio o revitalízate como un chino. Me dijo “Epika” que ahí está la clave. Y a ellos les va bien. ¡Mantenerse alerta! ¿Cuántos colores tiene el arco iris? ¿Cuántas especies de hormigas hay en Buenos Aires? ¿Cuántas empresas de telefonía hay en Argentina? Algo me dice que sólo puede responder una de las tres preguntas. La más triste. La que demuestra que no es una cuestión de cuánto hay ni de cuánto necesito. El pájaro de mal augurio es siempre la antesala de un incipiente instinto de autosupresión compensatorio. Se puede andar paseando por debajo de las escaleras y descansar en la marea.
Hete aquí que Ud. puede enfrentarse con ella todos los días. Bastardearla o amarla. ¡Hey! Somos uno de nueve; el azul. Ese que el calor decidió adoptar. El que se curtió solito. El que te mata si te quedas más de la cuenta. En donde lo inmenso es celeste, negro o gris. A veces rojo, quebrado. Y siempre imponente. Es tan generosa que siempre te presta una magia para que tus ojos ávidos de novedad den giros de regocijo que recorren tu cuerpo, tu mente, tu alma (¿). Embelesado y abatido, sólo puedes agradecer. Un día lo ponen a dormir y mientras balancea los pies en el vacío, se lamenta no haber probado ese jugo verde. No haber preguntado. No haber dicho. Qué bien que se siente y que difícil que es aceptar que se acaba. Qué rico. Qué suave. Qué placer. Qué complicado creer que nuestro boceto tiene un final.
Sosiego. Tenía una noción super-conceptual en la punta de la lengua. No importa, ya volverá. Lo llaman madurez. Podría ser putrefacción. Podemos darle el significado que mejor nos deje parados. Y cuando estemos tirados, pensando en las cosas que dejaron rémoras, todo emergerá como el eco de una sala vacía. Como túneles sin salida. Como espirales omniabarcadores. Como historias con final abierto. ¿Amé bien? ¿Dejé algo? Nunca plantó un árbol. Entrando en la habitación, las miradas juiciosas son lanzas de nostalgia que atraviesan y atacan indecisiones, falta de determinación, lipemanía. “Tenía miedo de bailar. No quería que pensara que lo hacía mal” se justifica. Lejos. Ya nadie reza por nadie. Ya nadie le pide favores a nadie. Se dio cuenta.
Después de todo, tampoco hay tantas razones para quedarse.
4 comentarios
Son tremendas tus perspicacias, como batidos surrealistas y vertiginosos, como una pluma poseída, pulsional.
ehh zonzo, no se me caiga. en cualquier momento deja de llover.
Oh captain, my captain. esperamos la sexta entrega!
“Otra mente atolondrada y ansiosa que se siente con el derecho de pedirle al universo algo más de lo que tiene. Consumidor insaciable y goloso. Desdeñar el maravilloso regalo de la conciencia puede resultar ser una granujería arriesgada” Me encantó!!!! ¿Pero qué te fumaste????
Cuando quieras te convido…
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