HOY CUMPLIMOS UN AÑO: ÉSTE FUE NUESTRO PRIMER POST

Hace un año el primer afroamericano juraba como Presidente de los Estados Unidos y Las Veladas hacía su aparición en el ciberespacio con éste post de Eneas: ¡pavada de acontecimientos!
OBAMA Y EL “ARGENTO DREAM”
Asumió Obama. Asumió como presidente de trescientas cinco millones de personas que quieren seguir siendo nación. Asumió como líder de un caleidoscopio de etnias, de religiones, de clases sociales que afirman todos los días, y esta vez monumentalmente -con multitud, salvas, himnos, discursos - que algún sentido tiene izar las barras coloradas y las cincuenta estrellitas.
Asumió como el recambio necesario de una nación, que por ser y saberse auténtica, tiene una historia colectiva para esculpir sus mitos y proyectar imaginarios comunes. De los padres fundadores, de la sangre vertida por generaciones en pos de la libertad, del desembarco en Normandía le habló Obama a su gente. Y a mí me da envidia que el tipo tenga la suerte de ser presidente de una nación de verdad, virtuosa en algunos aspectos, macabra en otros, pero nación sin dudas. Y pienso en los argentinos.¿Qué imagen podríamos contrastar con la de la asunción de Obama para no sentirnos tan poca cosa? Creo, tristemente, que no solo no tenemos con que no sentirnos tan poca cosa frente a lo que está sucediendo en Estados Unidos, sino que tenemos con que sentirnos menos que poca cosa: nada. ¿Cómo nada? Así es, porque no somos nación. Fuimos, más vale, pero ya no.
Y cuando lo éramos teníamos mitos. Tengo una foto de mil novecientos veintipico, de mi abuela que no conocí, hija de inmigrantes italianos de Liguria, vestida de Manuel Belgrano para un acto escolar. Para ella era un orgullo representar a un héroe de una nación a la que sus padres no pertenecían del todo (pero los contentaba saber que la nena sí). La abuela no era una idealista: se sabía parte de una nación con futuro, donde el que trabajaba progresaba. O en términos económicos: de la séptima potencia del globo, vendiendo vacas, ta, pero séptima al fin. Teníamos varios mitos cuando éramos nación. Uno era el de “mi hijo el dotor”, algo así como el “Argento Dream”, otro era el de ser europeos (con su fundamento claro) en Latinoamérica. Tantísimas circunstancias - que no viene al caso subirlas al escenario porque no quiero hablar de cómo sucedió el asesinato sino del cadáver - nos fueron desnacionalizando, llevando a las colas en el consulado de España, a la anomia de reglas, a la depresión (y conste que hablo de depresión clínica) popular, nos fueron convirtiendo en tacheros resentidos. Una pena.
Este país sin el motorcito del “Argento Dream” no sólo no camina sino que no es. Fácil la tienen los vascos, que pobres o ricos, nunca van a dejar de ser nación porque empezaron a hablar euskera cuando eran neandertales. Ahora, las naciones aluvionales como la nuestra, como la norteamericana, necesitan de mitos que trasciendan el de la sangre, necesitan de sueños de prosperidad. ¡Pensar que fuimos tan nación que hubo un tiempo no tan remoto en el que éramos arrogantes! ¡En el que, con resentimientos de petisos, los latinos hablaban pestes de nosotros! Basta. Abramos la puerta de la morgue: hay millones de km cuadrados de territorio, y están todos los climas, y una minoría todavía educada, y no hay guerras ni nada de eso. Debe haber, por lo menos, diez millones de argentinos que quieran seguir siendo nación. Según la ONU, para el año 2009, somos aún el estado más desarrollado de la región. Tenemos bocha de corrupción, sí. Y de villas. Pero nos quedan varios compartimentos estancos. Los colombianos las pasan todas, todas las plagas que dios podría mandarle a un pueblo, y sin embargo, en You Tube, debajo de algún video de vallenato, se apilan para transmitir su gratitud hacia su patria. Sin ser boludos, esa es la actitú.
No escribo para decir cómo. Que cada uno piense su manera, diseñe sus planos, compre su terrenito en Traslasierra como Federico Luppi. Por favor, que los que queremos salir de la morgue, y no irnos a laburar de mozos a Ottawa con título de ingeniero en sistemas, gritemos, para nuestros adentros “Yes, we can” (Sí, podemos, a lo Obama). ¿Es el primer paso no? Y los que creen que no es posible, quédense calladitos. De onda cállense. No se rían de lo que para ustedes es un enfermo terminal necio. Total.
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