PERSPICACIA LIPEMANÍACA IV
A mighty Handful of voices filling limitless space - Carbonilla en papel
Cuando uno piensa que nada bueno puede pasarle a uno, uno se da cuenta que lo bueno es uno encontrando algo bueno. Y entonces surgen algunas garantías que potencian el afán de búsqueda: Nos vamos a morir. La gente que está a nuestro alrededor también de va a morir. Mi perro se va a morir. Tenemos un cuarto de hora en el universo y la consigna es cada vez más clara: hagamos algo de ruido!!! Día a día. Pensando en voz alta, vale decir que cada minuto que pasa aumenta las posibilidades de encontrar la muerte. Como decía un vituperado pensador alemán, somos-para-la-muerte.
Que no se malinterprete. Soy lipemaníaco, pero estoy fascinado por este conglomerado de nervios y músculos, de combustiones químicas y procesos de transformación carbónicos. Encantado por el hecho de que la sangre que está en mi mano ahora, estará en mi pie en menos de 25´´; lo que alimenta mis ideas es también fermento de mis erecciones. Está viva esta entidad, pero va a morir. No es duelo, es consuelo y potencia tóxica que transforma lágrimas en desahogos alcohólicos. Fondo blanco. Y desde la profundidad de una reflexión nocturna en posición fetal, un destello angustiantemente enriquecedor desconcierta toda la racionalizada caducidad de la existencia. Amor. Hay tanto que no sabemos que… Hagamos ruido.
No es suficiente!!! No es suficiente ser sólo una coma en un relato interminable. Cabeza gacha pero conciencia inmaculada; yo soy auténtico con mis ideas, con las razones y los descubrimiento que esa razón me ha permitido cosechar. Descubrimientos que enceguecen mi presencia. Hay que pasar desapercibido, dice. Así nadie me puede hacer mal. Todavía sería mejor si logro construir garantías. Barreras que no me dejen caer en el desconcierto. Murallas, categorías o, en su defecto, un buen laburo y una buena casa para aparentar seguridad. Silencio. “Para!” me dijeron una vez. Pero quisieron decir: “dale para adelante”. Absorve, intervení, apodérate, escupí, grita, no tengas en cuenta las consecuencias porque sos nadie y el problema es tuyo y, sobre todo, hace ruido!!!
Y si! Somos nadie. Cientos de miles de personas nacen y mueren todas las semanas. Pero nuestra perspectiva es equívoca. Ud. no puede dar cuenta de ese mundo gigantezco del que sólo se hace una idea: hipóstasis de su propia subjetividad. Mirando al espacio, me doy cuenta que soy “pulgarcito”. Pero que bien!!! Ya no hay problemas. Para qué hacerme mala sangre con giladas. “Qué va a ser de mí?”. No hay ningún motivo para abandonar el presente. Éste es tan rico y voluptuoso que cualquier proyección de nuestra inmediatez debería ser considerado una acto de demencia. Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac. Tic… El tiempo es corto. Si. Pero sólo en la medida en que no puede ser parámetro para explicar un encuentro de miradas. Una carcajada. La persistencia de la melodía. La retención de un recuerdo. Y el hecho de que todo lo bueno terminará. Ojalá te encuentre de vuelta para tomarte de la mano, sacarme la mierda de mis verdades sedimentadas y abrirme a la abrumadora belleza de estar vivo y saberme sentenciado a muerte. Bañarme en las aguas de olvido, en donde mis nociones de corrección y completitud quedan mudas frente al ruido. Mi ruido.
Amor. Que más hermoso que la mentira del amor. Antídoto para la melancolía crónica y esperanza para el porvenir. No voy a pensar en la vida después de la muerte. Quiero pensar en la muerte antes de la vida. Así, el ruido a mi alrededor penetra mis horizontes haciéndome bailar sin pensar en que, mientras que mis ideas vagarán, mudas, en la eternidad, mis sentimientos explotan, como gritos de placer, en nuevos universos flagrantemente efímeros.
No hay nada más que ver señoras y señores. Séquense los ojos. Bendigan el milagro de sus pulgares opuestos y manos a la obra: el ruido de nuestra vitalidad espera abrirse paso.
2 comentarios
Juan: ¡Este texto es maravilloso! Y sobre todo, pese a tu formación filosófica, muy lírico.
Un abrazo,
Inu.
Muy bueno Juan! Siempre es un gusto leerte.
Dejá tu comentario