COLOMBIA: LOS CAMBIOS SON BUENOS, SI SON PARA BIEN (LAS VELADAS EN COLOMBIA)

Peculiar oferta en un billar colombiano
(Las Veladas sobre el autor: Micael Jordana es Politólogo por el Instituto de Estudios Políticos de París - Sciences-Po Paris - con especialización en estudios latinoamericanos)
Cuando le prometí a Eneas, desde mi departamento en Santiago de Chile, que escribiría un post desde Colombia y sobre Colombia, aún no me daba cuenta de lo pretencioso que tal propuesta resulta. Una vez acá, me sentí como aquellos turistas o aspirantes a intelectuales que creen que porque pasan dos semanas en un lugar tienen el derecho a opinar sobre la contingencia local. Encerrado en mi habitación de hotel o sentado en un café “play” de Bogotá, yo reflexionaría sobre la “realidad” colombiana para iluminar a los lectores de Las Veladas, colombianos incluidos. Entonces decidí darle la voz a ellos, a los colombianos, e intentar transmitir sus preocupaciones actuales y cotidianas.
Yendo hacia el aeropuerto de Medellín, que queda bastante lejos de la ciudad, el taxista no se demoró en señalarme que hacía 17 años que cubría la misma ruta. Es decir, desde 1992. Yo me lo imaginé en seguida como un testigo de la historia, y ese camino de 45 minutos entre Medellín y Río Negro como el escenario resumen de lo que ha pasado en este país. Y no tardó en darme en el gusto, porque acto seguido declaró “yo aquí lo vi y lo viví todo, desde la época del cartel hasta cuando la guerrilla estaba más fuerte”.
Dijo que esas épocas fueron duras, difíciles. Que muchas veces le habían ofrecido acarrear “mercadería” escondida en el taxi a la costa, a cambio de buena plata y de arreglitos para el auto.
Ellos “preparaban” el auto antes de salir, lo recibían al llegar y se lo dejaban como nuevo, él sólo tenía que conducir. Pero nunca aceptó: primero, por pura honradez, y segundo, porque según él – y seguramente tiene razón – “cuando uno se mete en eso después no tiene como salir”.
Los policías tampoco le parecen santos: una vez, quisieron desmontarle el auto para ver si llevaba droga escondida. Pero él sabía que si le desarmaban el taxi lo iban a dejar tirado ahí, con las piezas todas sueltas. Entonces me cuenta con orgullo: “le dije al policía que bueno, que me desarmara el carro, y que si encontraba algo me llevara preso. Pero que si no encontraba nada, yo no me iba a dejar hacer, que me dejaba el taxi armado tal como estaba antes, y que me firmara un documento diciendo que así iba a ser. Me dejó ir.” Pero a la dureza de otras épocas, el mismo taxista opuso la tranquilidad y seguridad de hoy. Colombia acarrea un estigma de violencia y narcotráfico, pero hoy la vida cotidiana está lejos de esa imagen que vehiculan la prensa y la televisión.
Un día, desde Medellín, accedí a la página web de Cooperativa, una radio de noticias chilena. En la portada, mostraban el video de una balacera en esta misma ciudad. Aquello es lo único que solemos ver de Colombia, nada más. Si no hubiera paseado ese mismo día por la tranquilidad de sus calles, apreciado la parsimonia de su andar y disfrutado de la enorme cordialidad de sus habitantes, hubiera pensado que Medellín es una ciudad invivible.
Muchos atribuyen la seguridad de hoy a la obra de Uribe, y es por ello que goza de tan impresionante popularidad. Si no es reelegido en marzo será porque no le alcanzaron los tiempos para primero hacer legal su referendo (para permitir su reelección), luego hacer el referendo, y ganarlo, y terminar con la campaña presidencial. Todo eso en 4 o 5 meses… Diga lo que diga Hugo Chávez sobre lo “desgraciados” que son Uribe y su canciller (por suerte parece que todavía los colombianos no se lo toman en serio), lo cierto es que de presentarse, Uribe sería seguramente reelegido.
Pero yo, que no quiero meterme a opinar de política colombiana ni adentrarme en el debate entre seguridad, libertad y democracia, me limito a citar a modo de conclusión otra sabia frase de un taxista: “los cambios son buenos, pero sólo si son para bien”.
Y me permito también, desde mi ojo turista, invitar a todos a desarmarse de esa imagen de violencia y droga que carga como una pesada mochila Colombia, y a conocer a un lugar que es un paraíso de cordialidad y hospitalidad, una multitud de acentos, colores, paisajes, ritmos, bailes, sabores y aromas.
2 comentarios
Gracias por sus comentarios tan veraces. Fueron épocas duras pero ya pasaron y sí, gracias a Uribe.
Ahora, extranjero que viene, a veces con temor, queda gratamente impresionado y siempre quiere volver.
Hay que admitir que Uribe si que ha representado para Colombia un mayor aire de seguridad en las carreteras y en el campo, pero a pesar de eso, no todo lo que brilla es oro, y sin dejar de reconocerle su lucha contra las guerrillas y el paramilitarismo,tambien se debe admitir que ha fallado en muchos otros aspectos, como la mala repartición de los subsidios para el campo (como no, agroingreso seguro), la transformación de los grupos paramilitares en grupos de delincuencia común y el surgimiento de nuevos frentes, la pretención de ocultar los viles asesinatos de jovenes inocentes por soldados que aspiran a algun tipo de comisión (falsos positivos), la venta, o mas bien entrega de las mas emblemáticas empresas nacionales a multinacionales extrangeras, la inminente privatización de parte importante de las universidades, etc.
Repito que no pretendo dejar de reconocer la importante tarea de diezmar a las guerrillas, soy consciente de ello ya que mi madre pudo volver a su pueblo natal después de 8 años de ocupación guerrillera y paramilitar, situación insostenible ya que cuando no eran unos, eran lo otros, pero pienso que es importante ser objetivos, siendo consciente de que estoy mencionando mas aspectos negativos que positivos de este gobierno.
Gracias por estas veladas, e invito a todo aquel que no conozca Colombia a que se anime a conocerlo, es un increible, con una diversidad en todos los sentidos espectacular.
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