EL DULCE DE LECHE, ES CHILENO? OPINA M. PROUST
Hasta ahora la contienda entre quienes se disputaban el increible honor de ser creadores del dulce de leche se dividía entre nosotros y los yoruguas, nuestro gomías. Sin embargo, la banda francesa Tryo decidió sumar un nuevo pugilista en este enfrentamiento inter-nacional subliminado en la sabrosa conjunción de leche y azucar. Calculo que esto tiene que ver con que el percusionista de la banda frencha es chileno, y debe haber utilizado su influencia para dar un primer ataque certero a uno de nuestros emblemas nacionales, con el mate, el chorizo, y las huellas digitales.
Enfin, les dejo el video clip, muy emotivo por cierto, que deja ver como una sensación puede hacerse portadora de un universo de rememoraciones. Esta vez les debo la letra al español, pero les dejo el comentario de M. Proust, que claramente comparte la sensación del personaje del clip.
Proust y su magdalena
« […] En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar el por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té […]»
Marcel Proust, En busca del tiempo perdido: Por el camino de Swann
5 comentarios
En Chile le dicen manjar a una sustancia similar, así que en realidad debe de ser otra cosa. Y como que asumen que a todos les va a parecer un manjar, ¡es arbitrario!
El manjar es mio. No, en verdad, existe la gran teoria esclarecedora - creo que es de Napo - basada en el test de la cuchara: con la cuchara cabeza abajo, si la sustancia cae, es dulce de leche, si se queda pegada, es manjar, o al revés. Enfin, es lo mismo pero no es igual, o al revés.
Habiendo conocido un poco la explicación, veo que existen controversias acerca del origen del dulce de leche.
Como que tradicionalmente es argentino, bastan argumentos para descifrarlo asì.
Aún así y todo, lo que subyace en nuestro medio, es que el invento es nuestro.
Sólo basta abrir una galleta que lo contenga, o bien. comprarse un frasco en el supermercado o almacén.
Y ni que hablar de que también existe dulce de leche sólido, y además, caramelos y helados de dulce de leche.
La referencia más antigua del manjar dulce de leche está en los colegios jesuitas de Mendoza y Santiago de Chile, tal como indicó el arquitecto argentino Patricio Boyle (familia ligada por generaciones al desarrollo agrario en Argentina).
Según ésta, el origen del producto, así como de los alfajores rellenos con dulce de leche (una variedad distinta al alfajor recubierto de chocolate desarrollado por los colonos alemanes) es la zona central de Chile entre los siglos XVI y XVII.
Ello porque Chile contaba con un azúcar almibarado neutro -extraído de la palma chilena o jubaea chilensis- para producir este y otros productos similares, en tanto que el resto del continente aún endulzaba sólo con miel, la cual por sus características organolépticas no permite lograr este resultado con la leche.
Hay que recordar que la caña y la remolacha no son originarios de América y al menos hasta el siglo XIX, la refinación de azúcar era una industria muy cara.
Lo olvidaba, la diferencia entre el producto que se consumía en Santiago y el que llegaba en frascos a Mendoza (por ese entonces parte de Chile) estaba dado por la adición de aglomerantes y preservantes derivados de la harina y de la sal (como los antecesores del bicarbonato) para darle mayor consistencia y durabilidad en el largo viaje de cruce de la cordillera. No obstante con el tiempo las recetas industriales se han dio unificando y en escasos lugares se puede encontrar el original hecho a fuego lento, en pailas de cobre (también de origen chileno, otra exportación común a la argentina del siglo XVI y XVII), con almíbar de palma y leche fresca de vaca o de cabra.
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