EL PROBLEMA DE LA REPRESENTACIÓN EN EL ARTE: EL EVANGELIO SEGÚN AUERBACH Y FOUCAULT
“La familia de Felipe IV” o “Las Meninas”, de Diego Velásquez, 1656
El arte nos conmueve a todos, en mayor o menor medida. Ahora bien, ¿de dónde saca sus materiales? ¿de qué está hecho el arte? Parece ser que el arte “representa”, representa al espíritu de una época, de una clase social o de un país. El arte representa, entonces, realidades; cabe preguntarse entonces ¿hasta que punto es representable la realidad, o es ella misma una representación infinita y necesaria?
El Evangelio según Marcos de Jorge Luis Borges problematiza literariamente este mismo dilema. Podemos pensar al cuento a partir de las concepciones enfrentadas de Auerbach y de Foucault, quienes se preocupan por definir la posibilidad de la representación en la historia del arte, y -más puntualmente- en la literatura.
El relato de Borges toma lugar durante un verano en una estancia en Los Alamos. El protagonista, Espinosa, decide, para matar el tiempo, leerle a los Gutre (la familia de peones de la estancia) el Evangelio según Marcos. Los Gutre, analfabetos y con serios problemas de comprensión de la lengua, lo escuchan con interés. Tras la lectura, la familia comienza a obedecer a Espinosa, a idolatrarlo y perseguirlo. Una y otra vez, la familia pide al protagonista que les relea el Evangelio. Finalmente, la familia recrea el Evangelio leído, crucificando a Espinosa.
Desde el punto de vista de Erich Auerbach, crítico y filólogo berlinés, es posible lograr una representación mimética de la realidad a partir de la literatura. En Mímesis (1946), se busca en las obras la plasmación literaria de los modos de interpretar la realidad de cada época. Es posible ver la historia que traza Auerbach como una suerte de ampliación progresiva de las capacidades del hombre para representar la realidad, produciendo obras cada vez más abarcadoras, más acabadas en términos de imitación de lo real. En el capítulo “La cicatriz de Ulises”, el autor contrapone a los textos de La Ilíada y el Antiguo Testamento con el fin de conceptuar la representación mimética, entendida como aquella en la que el producto representacional captura fielmente los más importantes atributos de la realidad. Auerbach no se interroga sobre las concepciones del lenguaje de las que son tributarias las obras que él analiza. Las dos obras analizadas presentarían, a pesar de sus condiciones de producción disímiles, dos modos de representar producidos con el mismo lenguaje. Los criterios que usa para comparar una y otra obra son la construcción de los personajes y de las coordenadas espacio-temporales. Personas, espacio y tiempo formarían así las variables a analizar en cada una de las obras para comprender su modo de representar.
Según Auerbach, el Antiguo Testamento logra cristalizar la fusión de los estilos alto (trascendental) y bajo (cotidiano) permitiendo un modo de representación fiel de lo real. En el documento bíblico se evidenciará esta fusión mediante la utilización de la anécdota por un lado (de modo que lo cotidiano represente lo real), y lo trascendental por otro, es decir, la sucesiva posibilidad de interpretación. El aspecto trascendental, asimismo, se encontrará íntimamente relacionado y será consecuencia del lenguaje indeterminado y atemporal con el que opera el Antiguo Testamento. Estos elementos -a diferencia del estilo homérico, que detalla y sitúa la acción mediante un lenguaje concluido y totalmente explícito- reflejarán un modo de representación que elide detalles que no considera relevantes y presenta figuras universales no detalladas, de modo que al manifestarse como elementos atemporales y no espaciales permiten la interpretación, es decir, la reposición del resto implícito.
En el relato de Borges, actúa, justamente, un extremo de está concepción de representación mimética. La familia interpreta al Evangelio como un equivalente de la realidad y lo lleva a la práctica. En ese extremo, no se logra discernir entre realidad y representación, al punto que son fundidas en una misma cosa: a fin de salvarse, la familia no tiene más opción que crucificar a su líder.
En la teoría de la representación trazada por Foucault a lo largo de su libro Las Palabras y las Cosas (1966), se esboza un historia de la cultura que, contrariamente a lo visto en Auerbach, se presenta como discontinua ya que se encuentra tabicada por giros en la “episteme“, es decir en el espacio que fundamenta y ordena todos los conocimientos de una época. Desde la perspectiva de Foucault, la representación de la realidad no se presenta como un eje de análisis, sino como un problema, ya que el lenguaje tan solo se aproxima a la realidad, imposibilitando una relación de equivalencia entre el lenguaje y lo real. La primera parte del capítulo “Las meninas” está constituida por una descripción un tanto complicada del cuadro de Velázquez, dado que los términos aparecen como “susceptibles de equívocos y de desdoblamientos”. En la segunda parte se explican las razones de esa dificultad: el orden de lo visible es irreductible al orden de las palabras. Las palabras y las cosas se encuentran alejadas. El texto que Foucault está produciendo se encuentra determinado por los códigos de su época, por una concepción del lenguaje que es la de un “lenguaje fatalmente inadecuado a lo visible”; muestra sus propios límites a la vez que se construye.
El cuento de Borges parece contradecir este punto de vista, invirtiendo sus términos. En vez de aparecer el lenguaje como una representación inacabada de la realidad, aparece la realidad como una representación de la representación. Es decir, la familia hace real el asesinato de Marcos, a partir de la representación literaria de éste, del lenguaje, la palabra. La familia Gutre no logra reparar en el vacío irrecuperable que existe, según Foucault, entre las palabras y las cosas.
Para más info:
Mímesis de Erich Auerbach, Editorial Fondo de Cultura Económica
Las palabras y las cosas de Michel Foucault, Editorial SXXI
5 comentarios
Dan es genial el texto y como están enlazadas las ideas , además de que esta frase es para quedarse pensando : ” el orden de lo visible es irreductible al orden de las palabras. Las palabras y las cosas se encuentran alejadas” …
me gusta más mi enfoque sobre el caso presentado en una poesía
Muy buena la nota, pero me parece que estas tomando como ciertas algunas cosas que no se hasta que putno son tales:
“A todos nos conmueve el arte”
“el orden de lo visibile es irreductible a las palabras”
El vacío entre las palabras y las cosas?
Es para discutirlo profundamente…
juan: gracias por leer la nota.
si, la idea del texto en general es defender la idea de que el lenguaje no es más que una de mil posibles respresentaciones de lo que llamamos “el mundo” y que es imperfecto e inacabado. es para discutirlo profundamente, sí; pero ésta es mi opinión.
ahora: el arte nos conmueve a todos, también es debatible. sin embargo i stand by my words y creo realmente que lo que -paradojicamente- definimos como arte es aquello que conmueve. y si, a algunos la cumbia villera, a algunos warhol y a otros la música electrónica.
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