¿EL PRÓXIMO PRESIDENTE DE LOS ARGENTINOS?

Foto: Tribuno de Salta
Juan Manuel Urtubey es el gobernador de Salta. De familia tradicional, peronista, cumplió recién 40 años hace dos semanas. Este pibe, que según dicen es sencillo y prefiere abordar la praxis política más desde una dinámica conciliadora que confrontativa, le acaba de asestar otra derrota al peronismo del ex menemista Romero y afianza su poder en la más importante de las provincias del norte. Se comenta que Duhalde (y también leí Alberto Fernandez) lo están tentando con la candidatura presidencial del peronismo no K. Y la verdad que para mí tiene posibilidades, pero no porque sí, veamos.
Urtubey tiene a su favor los siguientes factores:
- No ser kirchnerista. Si bien tenía una excelente relación con Néstor y Cristina (hasta se rumoreó en todos lados de un romance con ella), no para de repetir que el kirchnerismo “ya cumplió su ciclo”. Todo de manera muy cordial (“Néstor fue un gran presidente”) lo que no quita que se pare en una vereda distinta a la del oficialismo.
- Ser peronista. Tal vez no tanto como en 2003, pero igual gran parte de la sociedad sigue comprando ese axioma de que al país solo lo puede gobernar un peronista. Tal requisito, por lo tanto, lo cumple
- No estar muy ideologizado y no tener un verbo de guerra. No sólo en estas latitudes argentas sino en casi todos los países occidentales, la política en términos maniqueos y mesiánicos perdió eco. En la era del hedonismo – como sostiene Durán Barba – el candidato más vendible es el menos estridente (sin tampoco ser gris).
- El efecto Obama. Urtubey es joven - de hecho bastante más que Obama - y como ya lo hizo el presidente norteamericano en campaña, concibe y proyecta a su juventud como una bandera de renovación política. Al gobernador le gusta decir que al no pertenecer a la generación que empezó en la política en un país atravesado por la crispación, la violencia, y la intolerancia, es más moderado. La juventud como factor aglutinante es lo que también explica, en gran parte, el fenomenal ascenso del candidato independiente chileno Rodriguez Ominami.
- Su facha. No es un detalle ni una apreciación superficial. Al igual que Obama, la imagen de un pibe apuesto, fotogénico, que viene del interior profundo, es muy vendible.
- Perfil de estadista. Últimamente de lo único que habla Urtubey es de su plan para acabar con el subdesarrollo histórico del norte argentino, que según afirma, es el quid del dramón social que la Argentina arrastra desde hace tiempo. Además plantea la necesidad de que la dirigencia política acuerde seis puntos que, sea cual fuera la fuerza que llegara al poder, los respete.
- La ausencia de candidatos peronistas no kirchneristas. Reutemann parece que no se decide, y encima, su actitud dubitativa hace crecer a la velocidad de un fórmula uno como los que manejaba, la idea de que es un De La Rua peronista. Solá coquetea demasiado con el Pro y no convence al duhaldismo. Das Neves es un Néstor 2.
- Ser el imprevisto. En las últimas décadas, los presidentes peronistas no eran figuras cantadas: Menem y Kirchner no eran ni por asomo candidatos obvios.
Ahora bien, también hay factores que le juegan en contra:
- Es desconocido fuera de su provincia (lo cual se revertiría en un tiempito si se convierte en el abanderado del peronismo)
- Su inexperiencia. Es jóven y ya dije en que lo puede beneficiar, pero la otra cara de la moneda es su inexperiencia. No es poca cosa decidir jugársela en las ligas mayores e ir por el kirchnerismo y el pan radicalismo.
- Una gestión sin muchas luces. Es cierto, gana las elecciones, pero nadie habla maravillas de su gobierno. Tartagal es un ejemplo.
Si termina siendo el candidato peronista no K, lo veo sumando el apoyo de otros gobernadores y ganando la elección presidencial. Él igualmente todavía no hizo ningún movimiento en esa dirección. ¿Será cuestión de tiempo?
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