ADORNO Y SU MATERIALISMO DIALÉCTICO

foto de Istrojny
El 6 de agosto de 1969 se cumplieron 40 años de la muerte de Theodor Wiesengrund Adorno. Producto de una arritmia galopante, Teddy abandonó esta tierra durante unas vacaciones en los Alpes suizos, víctima de la absoluta incomprensión intelectual de sus pares y aprendices. Filósofo alemán, hijo de una familia hacendada y marxista a ultranza, Adorno es uno de los máximos representantes de la famosa escuela de Frankfurt.
Resulta impracticable reproducir sistemáticamente grandes ideas de sus obras simplemente porque cada vez que se produce un concepto dentro de su esquema de referencia, éste es desarticulado inmediatamente. Así, su programa de crítica filosófica deshecha cualquier ordenamiento lógico, al mismo tiempo que propone un ordenamiento fragmentario.
Si bien Adorno vivió diferentes etapas teóricas a lo largo de su vida - desde su incorporación al Institut en 1938 hasta la publicación de la Teoría Estética en 1970 –, podemos caracterizar sus ideas como un pensar en tensión entre, por un lado, un análisis pesimista de la realidad - especialmente después de Auschwitz y la experiencia del nazismo en Alemania-, y, por el otro, un canto de esperanza hacia el futuro.
Una de las más importantes contribuciones del pensamiento adorniano tiene que ver con la idea de “inadecuación” de cualquier argumentación dicotómica. Distinguir extremos en un análisis crítico - esto es, derecha e izquierda, libre comercio y conservadurismo, globalización y nacionalismos, etc. – conduce inexorablemente a posicionamientos binarios en donde uno de los elementos queda subyugado y posteriormente subsumido por el otro. Esto significa que la división de la realidad en polos opuestos resulta funcional a la idea de síntesis omniabarcadora que, en última instancia, será condescendiente a la racionalidad dominante. Dicha inadecuación debe ser puesta de manifiesto para que, desde esa puesta en evidencia, se erija el poder crítico o la denominada dialéctica negativa.
En este marco, Adorno afirma la insostenibilidad de la idea de separación entre el trabajo físico y el mental (o del trabajo manual y el trabajo intelectual). El trabajo intelectual, el pensar en todas sus formas, “construye mundo” en la misma medida en que lo hace un obrero o un artesano. La tarea del pensar es entendida como una ingeniería del mundo representable, y a partir de ello realizable. Es por ello que el pensar un mundo fragmentado nos sumerge, paradójicamente, en un mundo fragmentado, valga la redundancia.
Embebido de un pesimismo con respecto a la humanidad toda - producto del exilio, la guerra y las evidencias de los alcances siniestros de la razón -, Adorno encuentra consuelo en pensar que escribe para lectores que todavía no han nacido. Su filosofía se sostiene sobre una teleología providencialista con base en futuras conciencias; mentes capaces de leer nuevas relaciones entre objetos y sujetos sin sumergir ninguno al sometimiento del otro, sin instrumentar mecanismo de dominación y de subyugación entre los diferentes elementos del mundo. Su producción filosófica sólo encuentra sentido en “poder terminar de dar forma a algunos de nuestros conocimientos (por los suyos y los de los miembros del Institut), que tal vez en otra época no carezcan totalmente de valor para la humanidad”.
Adorno está guiado por la convicción de que la realización del hombre, esto es, su felicidad, es posible y únicamente realizable si se logran modificar las relaciones de existencia materiales entre los hombres. En este sentido, el arte cumple una función primordial en tanto es el encargado de mostrar el potencial emancipador en las condiciones sociales concretas. Adorno propone un camino escalonado hacia la praxis social; negatividad crítica y labor intelectual se nutren mutuamente y de los materiales del arte para generar una fuerza creativa que implosiona dentro de la lógica de la racionalidad dominante, dando lugar a nuevas conciencias.
Sin embargo, estas ideas no resultaron muy seductoras para los jóvenes estudiante marxistas europeos de fines de los 60 quienes no entendían cómo Adorno, una de los emblemas del marxismo europeo y potencial líder de oposición, no suscribía a ninguna idea de revolución proletaria. A ojos de Theodor, la experiencia marxista había dado muestras de un rotundo y completo fracaso; los 70 y 80 le darían la razón.
Adorno propone un pensamiento crítico dirigido a un interlocutor que todavía no ha nacido; como botellas lanzadas al mar para futuros destinatarios. Alguna clave para la comprensión de este posicionamiento ambivalente frente a la posibilidad concreta de cambios sociales puede encontrarse en el hecho de que, tanto Adorno como su filosofía, debieron transitar y entender tiempos caracterizados por el conflicto: el profundo fracaso de los sistemas metafísicos idealistas, la segunda guerra mundial en el exilio, los fascismos europeos, el estalinismo soviético y las emergentes sociedades de masas. Pese (o gracias) a estas experiencias disímiles, Adorno supo posicionar su pensamiento como una metacrítica de la epistemología, es decir, como un análisis de los fundamentos histórico-sociales del pensar filosófico. Al mismo tiempo, contribuyó con ideas y formulaciones teóricas en economía política, música, psicología social, crítica sociológica y teoría de la cultura.
Signado por reflexiones que ponen de manifiesto en todo momento su progenie marxista, Adorno pregona por mentes capaces de entender cómo sus intenciones y pensamientos pueden ser funcionales a intereses que distan de ser aquellos que buscan defender. Un clásico ejemplo de esta tergiversación incontrolada de la voluntad supuestamente emancipadora es expresado, según adorno, por la música popular. Este dispositivo es la última expresión de la mercancía que no discrimina entre sufrimiento, reivindicación, realidad y mercadotecnia. La denuncia explícita de cualquier injusticia viene a ordenar dicha injusticia en el marco de la razón imperante, anulando la posibilidad de reconocer las atrocidades, integrando el elemento perturbador dentro de la lógica de la razón instrumental.
Pero mejor, escuchémoslo de su propia voz y, de paso, veamos en funcionamiento una de las mentes más sofisticadas que ha dado el Siglo XX.
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