EL SONIDO DEL CAOS EXISTENCIAL

Foto: A.Rebours
“Afirmar esta vida, no traer orden fuera del caos!”
Este tipo de sentencias programáticas no suelen ser comunes por estos años. Solemos acomodar nuestras posiciones a la estereotipia y lo común; tratando de pasar desapercibidos, nos confundimos con el entorno, nos adaptamos a las reglas. Existieron hombres que afirmaron, hace no mucho tiempo, universos paralelos. Para muchos, víctimas del convencimiento necio de quien cree haber descubierto una porción de la verdad. Para otros, profetas de conciencias renovadas ávidas de innovación.
Músico, pensador y artista, John Cage nació en estados Unidos en 1912. Pasó la mayor parte de sus 79 años de vida, conectándose y entrelazándose con una concepción novedosa e informal de la música. Vinculado a la experiencia auditiva en todas sus formas, John Cage emerge (a más de 15 años de su muerte) como uno de los referentes artísticos más importantes de los últimos tiempos (ver Fluxus).
La propuesta central del compositor norteamericano es el asesinato del “Ego”. Influenciado por la filosofía Zen, el arte es concebido como una expresión que adquiere significado gracias a la existencia de un espectador. Toda obra de arte se constituye como tal en el momento en que se encuentra con un espectador (en su caso particular con un oyente) que la nutre y la completa. Al mismo tiempo, toda obra está incompleta, en el sentido en que su representatividad no se ve agotada en ningún momento, así como tampoco se agotan los oyentes. El abandono de la entronización del genio creador – aquel que, gracias a un acto solemne nos ilumina – permite la construcción de una producción que no cae en ninguna definición; la producción de actos que no aceptan conceptualización alguna. Libre de todo constreñimiento, la obra es libre y está “abierta al mundo”.
En el marco de su concepción musical, John Cage busca que, al menos por un instante, nos perdamos en la inmensidad del devenir temporalmente constante. Ese devenir implacable que le resulta tan evidente, es amparado con uñas y dientes como un fundamento filosófico ineludible para todo aquel que sea sincero consigo mismo. La experiencia vital es la mayor prueba de este acontecer interminable y es representable mediante la música, su mayor puesta en escena.
Cage propone que dejemos de indagar acerca de nuestras emociones y sentimientos particulares. Dejemos de mirarnos el ombligo y desistamos de la idea de que todas las cosas a nuestro alrededor tienen algo para decirnos; la música no es el lenguaje del alma ni busca despertar un recuerdo, un gusto o un placer. La música es expresión manifiesta de esa inmensidad experiencial inabarcable de la que sólo podemos formar parte deviniendo con ella; “siendo” con el flujo interminable del tiempo, abandonando todo ser específico, toda idea de uno, todo Ego.
El resultado: exonerar nuestra humanidad. Abrirse, como la obra, a la experiencia irreductible del momento y de la existencia del sonido ya que en definitiva, “la Música (y la risa) no tienen que significar nada…!”
Para ejercitar el amor por el sonido, a continuación el concierto 4:33. Allí está expresada la dimensión del sonido que busca revelarse, su capacidad de subvertir todo orden y de ser elogiado por eso. Un “evento sonoro” que, sin duda, los dejará sin palabras. …
Algunos links más para quienes deseen explorar en la vida, obra y pensamiento de uno de los más grandes genios que ha dado la música.
http://www.johncage.info/
http://musicatosis.com/2007/12/17/59/
1 comentario
lamento discrepar pero johnny cage era una muestra mas del narcisismo americano.
a las pruebas me remito: abajo 4 veces+patada baja
http://www.youtube.com/watch?v=G2BV79YcqDQ
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