EL HONESTISMO SEGÚN CAPARRÓS: ¿ROBAN PERO SON DE IZQUIERDA?

Lo más parecido a un debate filosófico político que vi en el último año fue el que giró en torno a la idea de honestismo que propuso Martín Caparrós. A partir de una columna de opinión publicada en marzo, se generó un revuelo que aún persiste.
Primer capítulo: aparece el honestismo
A principios de marzo, Caparrós incluye en su columna de opinión del diario Crítica un fuerte cuestionamiento al discurso apocalíptico y las nuevas alianzas políticas de derecha de Elisa Carrió. El punto clave de la crítica de Caparrós apunta a la desideologización de su discurso, que se focaliza exclusivamente sobre la cuestión de la corrupción, dejando de lado las discusiones tradicionales izquierda-derecha de la política. Entre los conceptos del artículo, aparece la idea del honestismo.
“(…) la doctora Carrió empezó a constituirse como el gran referente del honestismo. (…) El honestismo es la tristeza más insistente de la democracia argentina: la idea de que cualquier análisis debe basarse en la pregunta criminal: quiénes roban, quiénes no roban.”
“El honestismo, efectivamente, no es de izquierda ni derecha: es, más bien, la resignación de no discutir lo que realmente importa.”

Segundo capítulo: el honestismo llega a la TV
A fines de marzo, el programa de TV “Tres Poderes” dedicó un buen espacio a debatir este artículo. Invitó a Martín Caparrós y a Fernando Iglesias (Coalición Cívica) para debatir sobre el tema. La discusión fue extrañamente interesante para un programa de TV abierta. Allí, Caparrós tuvo que brindar más detalles de lo que entendía por honestismo. “El honestismo es pensar donde está el delito en vez de pensar donde está la política”.

Tercer Capítulo: El honestismo no se entiende
Las ideas de Caparrós levantaron revuelo. Algunos sintieron que estaba restando importancia a la cuestión de la corrupción, y varios compararon el concepto de honestismo como una remake del “roba pero hace”. Ante estas críticas, Caparrós escribió una nueva columna de opinión en donde daba mayores precisiones acerca de su pensamiento.
“Llamé honestismo a esa idea tan difundida según la cual –casi– todos los males de la Argentina contemporánea son producto de la corrupción en general y de la corrupción de los políticos en particular. El honestismo es un producto de los noventa, ante el despliegue de corrupción menemista, y fue alentada por cierto periodismo –el más valiente– que trató de mostrarla.”
“Yo digo que la honestidad es el grado cero de la actuación política y que por supuesto hay que exigirle a cualquier político –como a cualquier empresario, ingeniero, maestra, domador de pulgas– que sea honesto.(…) Pero que eso, en política, no alcanza para nada: que un político sea honesto no define en absoluto su línea política. La honestidad no es de izquierda ni de derecha. La honestidad quizá no, pero los honestos seguro que sí. Se puede ser muy honestamente de izquierda y muy honestamente de derecha, y ahí va a estar la diferencia.”

Cuarto capítulo: el honestismo se agranda
Luego, a principios de junio, otro periodista del mismo diario, Eduardo Blaustein, escribe un artículo retomando la idea del honestismo. Allí incluye dentro de las actitudes honestistas toda una serie de demandas institucionales que exceden el mero planteo de la honestidad. Dice en un momento: “Definitivamente, ciertos modos de concebir la democracia, la República, la Justicia, la corrupción, el clientelismo, son chiquitos, chiquitos, chiquitos.” El honestismo comienza a ser entendido como todo reclamo que no pueda leerse en el eje izquierda-derecha. Los honestistas aparecen como personas hipócritas que, bajo demandas meramente formales vinculadas a la institucionalidad, avalan una sociedad injusta.
Es que el honestismo comenzó a ser utilizado en el debate político por muchos que defienden al Gobierno. En mi opinión está claro que no fue la intención de Caparrós legitimar al kirchnerismo, ni mucho menos. Me parece que su honestidad intelectual es indiscutible en este sentido. Pero también es cierto que introdujo un concepto funcional a ciertos sectores del kirchnerismo que pretenden defenderse de las crecientes acusaciones de corrupción tildándolas de consideraciones honestistas.
Quinto capítulo: Me tienen las bolas llenas con el honestismo

El 16 de junio, finalmente, Caparrós escribe un nuevo artículo sobre el honestismo. El tono revela cierta impaciencia del periodista con la forma en que se interpreta sus palabras. Se enoja con sus lectores, y utiliza una metáfora para explicar su idea.
“¿Será posible que todavía haya señoras y señores –unos veinte el viernes pasado entre los foristas de criticadigital– que sigan diciendo que cuando hablo del honestismo lo que hago es convalidar la corrupción o, con suerte, insisten, suscribo el “roba pero hace”? ¿Serán ligeramente lentos, mulosamente tercos o –espero– sólo malintencionados?”
“Nunca dije, ni pensé decir, ni pensé siquiera, que la honestidad no fuera indispensable. He escrito ya varias –demasiadas– veces que la corrupción es un desastre –y la corrupción del poder es un desastre poderoso– y que por supuesto que tenemos que erradicarla, pero que eso es sólo el grado cero del asunto. Como si un DT te dijera pibe, respirá, acordate, respirá, cuando vayas a patear parate firme y abrí el pie y pegale cuando la pelota te queda a la altura del otro pie y, sobre todo, no te olvidés de que tenés que respirar. Claro que tenemos que respirar: pero todo el mundo respira y no por eso le pega mejor a la pelota, digo o, para cortar con las metáforas idiotas: la honestidad es la base, la condición necesaria pero no suficiente del asunto: no deberíamos votar a nadie porque sea honesto; no deberíamos votar a nadie que no lo sea.”
“He dicho. Y espero que no me digan que estoy a favor de los que afanan. En general, señoras y señores insistentes, indignados, probos, los que los votan son ustedes.”
¿Conclusión?
El concepto de honestismo resultó funcional a una discusión para la cual no estaba pensado. Como algunos comenzaron a utilizar el concepto de honestismo para defender a un Gobierno que hace del discurso ideológico su principal escudo, otros lo relacionaron con el “roba pero hace” del menemismo de los noventa (en rigor, la versión actualizada del latiguillo sería “roban pero son de izquierda”).
Sin embargo, el hecho de que sobre una idea introducida por un periodista se hayan publicado cuatro artículos y se le haya dedicado buena parte de un programa de televisión abierta revela que el concepto en cuestión produjo cierto efecto en algunos círculos. La polémica que generó el honestismo tocó una fibra sensible de buena parte de la sociedad: la corrupción en la política.
Caparrós entiende la discusión entre izquierda y derecha como el eje excluyente de la política. En ese sentido, se comprende que lo incomoden las consideraciones referidas a la transparencia de los funcionarios públicos. Sin embargo, el mundo político está atravesado por muchas dimensiones, y la transparencia no es un tema menor en nuestro país, sobre todo teniendo en cuenta la historia reciente.
Tal vez una causa de la polémica sea que Caparrós no explica del todo su punto de vista. Se entiende que prefiere la izquierda, y que pretende que los políticos sean honestos. A su vez, acepta la posibilidad de hayan políticos honestos y deshonestos en ambos polos del espectro ideológico. Ahora bien, entre un político honesto de izquierda y un deshonesto de derecha, no nos caben dudas de cual sería su preferencia. ¿Pero qué sucedería si se diera el caso opuesto: un político de izquierda deshonesto versus un político de derecha honesto? ¿Con cuál se quedaría Caparrós?

“Con éste!”
Seguí la historia del honestismo en la web:
06.03.2009 - Primer artículo
El Apocalipsis según C: Carrió lleva años anunciando un apocalipsis. Dirán que por eso puede aliarse a quien quiera ser su “pata peronista” o su gansa radical. Martín Caparrós. LEER
30.03.2009 - El honestismo en TV
primera parte. VER
segunda parte. VER
tercera parte. VER
cuarta parte. VER
08.04.2009 - Segundo artículo
Honestismo: Hoy querría –por una vez y sin que sirva de precedente– que me entendieran. He hablado últimamente de “honestismo”; he notado, en ciertas respuestas y comentarios, que no supe explicarlo. Martín Caparrós. LEER
08.06.2009 - Tercer artículo
“Honestismo” y otras pequeñeces: Definitivamente, ciertos modos de concebir la democracia, la República, la Justicia, la corrupción, el clientelismo, son chiquitos, chiquitos, chiquitos. Eduardo Blaustein. LEER
16.06.2009 - Cuarto artículo
¿Será posible?: Nunca dije, ni pensé decir, ni pensé siquiera, que la honestidad no fuera indispensable. Pero es sólo el grado cero del asunto. Martín Caparrós. LEER
9 comentarios
Felicitactiones, muy buen post.
abrazo
graciela Black Man
Muy buena nota JP;
Vi el debate en 3 Poderes y me pareció muy interesante.
F. Iglesias estuvo brillante.
Caparros parecía un adolescente rebelde , un estudiante de sociología de la UBA. Irresponsable y rómantico.
Si lo suyo son las utoías, está por el buen camino para levantarse minitas en algún fogón.
Tal vez eso sea mas divertido que hacer periodismo serio, filosofía politica. Y mucho mas agradable que hacer política para que algún día vivamos en un país menos corrupto.
Interesante definición, Valentín. Me recuerda un momento del debate en que Caparrós se enojó porque Iglesias le dijo “muy fácil lo tuyo”, jaja. Igual, la discusión sobre el honestismo está buena para recordar que la lucha contra la corrupción no debe hacernos olvidar de las otras necesidades urgentes que tiene el país. Abrazo.
Concuerdo con Valentín, Iglesias estuvo brillante en el debate televisivo.
la corrupción altera el funcionamiento normal en función de satisfacer intereses personales, pero en la relacion de fuerzas del actual plano político las voces que se apropiaron de esta palabra tan repetida”corrupción” no la necesitarian, por que aparece implicita en el funcionamiento natural “legitimado” que proponen. a pesar de esto en los noventa la “corrupcion” se acrecento. podríamos agregarle a la calificacion “corrupto” la de “perverso”?
Hernan, coincido con vos en que la corrupción se acrecentó en los 90, sobre todo a partir del negocio fabuloso que representaron las privatizaciones. Es curioso que algunos de los que más fuerte denunciaron la corrupción en esa época, minimicen la de ahora. La lucha contra la corrupción debería ser independiente de la ideología, no creés?
Sí la pregunta va al concepto, por ninguno.
Sí, Mauricio, de acuerdo, pero esa es la respuesta fácil…
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