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MORENO: ESE PELO EN LA SOPA

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En los últimos días se ha hablado del alejamiento de Guillermo Moreno ¿Por qué será que los Kirchner se empecinan tanto en mantenerlo en su cargo? El Secretario de Comercio Interior es claramente el funcionario más polémico de este Gobierno y, posiblemente, de la historia de la actual democracia.

Guillermo Moreno no es un funcionario común. Con el rango de Secretario, ostenta más poder que muchos ministros. Formalmente bajo la esfera de influencia del Ministro de Economía, Moreno detenta su cargo desde 2005, sobreviviendo a Felisa Miceli, Miguel Peirano, Martín Lousteau, y Carlos Fernández. Dicen que cuando Cristina buscaba reemplazante para este último, la mayor dificultad radicaba en que todos los sondeados exigían su alejamiento como prerrequisito para aceptar.

Ese Moreno, justo, no...

Ese Moreno, justo, no...

Alrededor de Moreno circulan varios mitos. Uno de los más impactantes la supuesta costumbre del funcionario de apoyar un revólver en la mesa al negociar con empresarios. Otro aspecto de su persona que quizás sorprenda a algunos es su falta de prontuario. No se le conocen acusaciones de corrupción e incluso sus adversarios reconocen su honestidad. Es que Moreno aparenta ser un soldado de la causa, dispuesto a llevar adelante las órdenes de sus líderes hasta el fin, y por todos los medios. Otra característica que contribuye a alimentar su imagen de monje negro del kirchnerismo.

Las responsabilidades que fue asumiendo Moreno lo ubicaron en el centro de la política económica del Gobierno. Encargado de negociar - o imponer según varios - los precios con las empresas, su nombre es casi una mala palabra entre los empresarios. Su aspecto más polémico, sin embargo, tiene que ver con la intervención del Indec iniciada en febrero de 2007. Luego de purgar al respetado personal del organismo encargado de medir la inflación, esta se redujo ostensiblemente.

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La ciudadanía vio en forma alevosa como su Gobierno le mentía respecto a un problema que sentía directa y dramáticamente: el aumento de precios no era un tema que conocieran a través de los medios sino que lo sentían dolorosamente en el bolsillo. Al intervenir el Indec y tapar los números de la inflación, el Gobierno optó por negar el problema. Y cuando la ciudadanía advierte que sus gobernantes están desconectados de la realidad, simplemente dejan de confiar en ellos.

A diferencia de lo que muchos creen, el inicio del divorcio entre la sociedad y los kirchner no fue el conflicto con el campo, sino la adulteración de las estadísticas del Indec. Con el conflicto, perdieron el interior, pero con la intervención, ya habían dilapidado el apoyo de la clase media urbana.

Tampoco puede analizarse el conflicto del campo sin incluir a Moreno. Se dice que la controvertida resolución 125 que hizo estallar de ira al campo, fue una medida que encontró Lousteau para ponerle un límite al proyecto de Moreno, que pretendía subir las retenciones hasta el 60% fijo. Luego, los productores todavía recuerdan las incursiones de Moreno amenazando con ingresar a los campos a buscar la hacienda durante los paros, o repartiendo granos a discreción durante la sequía. Una imagen que dice mil palabras también fue la de la discusión con Lousteau, donde se veía a Guillermo cortarse el cuello con el pulgar…o cuando llegaba a la plaza de mayo escoltado por patovicas…en fin, la lista podría continuar.

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El mayor dilema para los Kirchner respecto al tema Moreno probablemente sea que encarna la política económica del Gobierno en innumerables aspectos. No sólo es el más eficiente para implementarla, sino que además la simboliza. Su permanencia implica entonces una reivindicación de las medidas y modos que caracterizaron al kirchnerismo en los últimos años. Dejarlo en su cargo representaría una incompatibilidad absoluta con las nuevas señales de cambio que mostró la Presidenta el 9 de julio. Moreno es mucho más que Moreno. Los Kirchner lo saben. Tal vez por eso dudan.

1 comentario

1 Pater { 07.12.09 at 16:54 }

Some go, Moreno stays: ¿cambiar para que nada cambie?

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