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EL OCASO DEL PRÍNCIPE

foto de Expectativa Online

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Perdió el príncipe. Cuando salió a dar la cara a las dos y media de la mañana, estaba desahuciado, con los ojos vidriosos (o porque estaba a punto de llorar, o porque ya lo había hecho, o porque estaba sedado). El príncipe respiraba agitado, y cada dos por tres, como el personaje de su esposa en Gran Cuñado, les pedía, con bronca contenida, a sus militantes que se callaran.

Después de hablar sobre la gobernabilidad y de plantear que quiere seguir siendo alternativa para 2011, respondió a casi diez preguntas de los periodistas que habían esperado hasta la madrugada a que se dignara a decir algo sobre la derrota en la que él consideraba “la madre de todas las batallas”.

Haberse sometido al interrogatorio de la prensa fue el primer síntoma de la perdida de poder. El príncipe, durante la campaña, nunca se dignó a bajar al barro del interrogatorio periodístico como el resto de los candidatos. ¡Un príncipe no puede mezclarse con la chusma! ¡Un príncipe no puede debatir! ¡A un príncipe no se lo puede someter a preguntas incómodas!

En cambio ayer, derrocado por las urnas, el príncipe se pareció un poco a un ciudadano. ¡Ciudadano Capeto! ¡Ciudadano Kirchner! Es interesante como en la democracia, de un día al otro, un príncipe puede pasar a ser ciudadano. Eso es porque el soberano es la gente. Y ayer se demostró.

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