DESPUÉS DE 36 AÑOS, JUSTICIA PARA VÍCTOR JARA

“Que el canto tiene sentido cuando palpita en las venas del que morirá cantando las verdades verdaderas”
“Canto que has sido valiente, siempre serás canción nueva”
Víctor Jara
Acabo de leer que en Chile fue procesado y quedó detenido en una cárcel de alta seguridad quien sería el asesino del cantautor Víctor Jara, muerto en la penumbra enrejada, recorrida de aullidos jóvenes, del Estadio Nacional de Santiago, en 1973.
El hombre es un tal José Adolfo Pérez Marquez, de 54 años, que cuando era un conscripto de 17 tuvo, aparentemente, que cumplir la orden de descargar una balacera cobarde sobre el rostro del poeta de voz aguda y chillona que siempre cantaba, con obsesión, esperanza. Toda la que hiciera falta.
Se empieza a cerrar así uno de los capítulos más tristes y emblemáticos del Chile contemporáneo. A Víctor no le está haciendo justicia un estado socialista, como el que sonó, por el que dio todo, la voz, las manos, la vida misma, sino un estado liberal democrático. Es una paradoja. Nada es tan bueno como se esperaba pero a la vez es tanto mejor de lo que era. Ya lejos de las utopías adolescentes, todavía puedo asegurar que nunca es tan digna una guitarra, y nunca es tan serio un rasguido, como cuando se toca una canción de Víctor Jara.
Les dejo el último poema que escribió, lo hizo durante su cautiverio y es un tremendo testimonio del terror de la dictadura pinochetista.
Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil.
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí,
diez mil manos siembran
y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!
Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.
Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores,
uno saltó al vacío,
otro golpeándose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija de la muerte.
¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera
Sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo
¿Es este el mundo que creaste, dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?
En estas cuatro murallas solo existe un número
que no progresa,
que lentamente querrá más muerte.
Pero de pronto me golpea la conciencia
y veo esta marea sin latido,
pero con el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona
llena de dulzura.
¿Y México, Cuba y el mundo?
¡Que griten esta ignominia!
Somos diez mil manos menos
que no producen.
¿Cuántos somos en toda la Patria?
La sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas
Así golpeará nuestro puño nuevamente
¡Canto que mal me sales
cuando tengo que cantar espanto!
Espanto como el que vivo
como el que muero, espanto.
De verme entre tanto y tantos
momentos del infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto.
Lo que veo nunca vi,
lo que he sentido y que siento
hará brotar el momento…
2 comentarios
Aprecio las consideraciones de las veladas por este hecho, que sin duda alguna parecía un eslabón importante en los crímenes y abusos cometidos en la dictadura militar chilena. Sin embargo, se trata sólo del autor material del delito, quedando todavía impunes los verdaderos autores intelectuales del hecho, es decir los superiores que dieron dicha orden, por razones de mando o de grado. En efecto, se suele preguntar jurídicamente acerca del nivel real de culpabilidad de un subordinado cuando debe ejercer un nivel de obediencia tal que probablemente no es capaz de esquivar. Teniendo en consideración si le era posible o no desobedecer órdenes cuando, de no acatarlas podría sufrir consecuencias análogas a las víctimas, hace pensar que oficiales con verdadera voz de mando sobre este tipo de hechos materiales son los verdaderos culpables. Una persona sin poder de decisión en sus actos, podría ser considerado un verdadero culpable? Estoy dejando de lado el posible sadismo existente en numerosos asesinatos sin duda, pero lo que pretendo rescatar es que existen oficiales con verdadero poder de decisión que se mantienen en la impunidad por diversos motivos. Esta situación puede desafortunadamente entregarnos nociones difusas de una justicia ejemplar en el ejercicio de su labor de investigación y de juzgamiento.
Buenas tardes Francisco V. Bienvenido a Las Veladas, nos complace mucho que nos lean en Chile. Coincido con vos en que falta que den con el autor intelectual del hecho. Si bien, me emocionó, como habrás leído, que algo de Justicia le está llegando a Jara, tenés mucha razón en que no cierra del todo que sobre un conscripto de 17 años (ni siquiera era mayor de edad) recaiga toda la culpabilidad de un crimen de tanta relevancia simbólica. ¡Un abrazo!
Dejá tu comentario