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LA FIERA DE MILANO (LAS VELADAS EN LA EXPO DE DISEÑO DE MILÁN)

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(todas las fotos son de la autora)

Si uno tuviera q definir la Feria del Mueble de Milán en una sola palabra seria seguramente la feria es una Fiera , como la nombran en italiano: el día domingo, que se abre al público en Gral, hubo 30.000 personas recorriendo los hangares de exposición.

En mi caso, la visité con otras arquitectas. Nos despertamos a las 6:30 para poder estar en la puerta de la Fiera a las 9:00 y recorrerla sin llegar a la totalidad hasta las 18:30.

Llegamos en subte, como hormigas cargando valijas con rueditas, junto con miles de personas de todas partes del mundo.

La Fiera de Milano es ciertas veces un animal enjaulado que en algunas ocasiones logra escapar. La jaula de cristal es un predio de exposiciones realizado por Fuksas, el RHO, en donde se exhiben las empresas dedicadas al diseño de muebles e iluminación en stands que en Argentina competirían cada uno con la expo entera de Casa Foa.

La cantidad de folletería y catálogos que se entrega es mas q exuberante: todos usan pequeñas valijitas con ruedas para poder juntarlos y llevarlos.

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Los italianos son los reyes del diseño, y este año dedicaron la “Espoo” a rendirle homenaje al futurismo. Los blancos, laqueados, las líneas puras, los espejos son el elemento que se repite de stand en stand. Solamente se destacan como piezas únicas un par de productores de muebles en madera natural, como reliquias entre tanta modernidad.

Las terminaciones de los muebles, las bisagras, las costuras, las telas, son de tal delicadeza que da pena, lamentablemente, pensar en nuestra producción local.

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Y así como encontramos grandes diseños de firmas, también pudimos encontrar sillones capitanee de cuero blanco, con botones de cristal, al mejor estilo decorado de Su Giménez. La fiera es tan diversa y agotadora q logra que la gente se desplome en los pasillos a dormir para reponerse de tamaña experiencia y seguir adelante con la tarea de recorrerla.

Terminado el horario de visitas, volvimos al pueblo de Carimate en tren (el pueblito medieval donde nos alojamos) y subiendo la cuesta del castillo bajo la lluvia, con nuestras últimas fuerzas, habiendo desfondado bolsas y valijas llenas de folletería, llegamos exhaustas al hogar.

El día lunes lo dedicamos a recorrer la otra Fiera, la que se escapó de la jaula y esta escondida en sus guaridas – en mil rincones – de la ciudad de Milano.

Porque la expo no es sólo un lugar físico con limites establecidos. La “Espoo” más interesante se desarrolla fuori salone, en la ciudad que se convierte en La meca del diseño internacional durante 1 semana.

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Las vidrieras de tiendas tipo multimarca como la Rinascente, muestran trabajos de arquitectos de la talla Steven Holl, Zaha Hadid, etc, dentro de los escaparates. Las calles como Vía Monte Napoleone se decoran con pantallas de colores en degradé para alegrar la ciudad. Recorriendo las calles de Milano se encuentran tesoros como trabajos de África, vidrios de Shigeru Ban o en la zona Tortona, las muestras de España, Francia, etc. En este reino, el diseño no tiene ninguna restricción económica. Resultando muchas veces a nuestros ojos meras fantasías.

Pero las fantasías – y los sueños – son absolutamente necesarios para poder crear.

Como corolario, luego de destruir 3 pares de botas de caña alta de cuero argentino, comprar paraguas en la calle, guantes para el frío y quedar semimuertas, decidimos reponernos en un café, lleno de diseñadores, muy modernos, en donde tomamos nuestro primer aperitivo italiano, junto con el prosciuto crudo, los capuchinos y cantuccinis que nos hicieron revivir de una experiencia tan agotadora.

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