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EL MURO DE LOS LAMENTOS

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(las tres fotos son de Mariana Lods, desde el lado palestino)

(Las Veladas sobre la autora: Mariana Lods es licenciada en Ciencia Política y desde hace meses se encuentra recorriendo medio oriente. Ya estuvo en Egipto, Jordania, Israel, el Líbano y este post lo escribió en exclusiva para las Veladas desde Damasco, Siria. En Junio estará en la República Islámica de Irán)

La idea de los dos Estados como solución al conflicto palestino-israelí viene sonando con fuerza como lo mejorcito que encontraron, unos y otros, para poner fin a la inestabilidad de la región. La comunidad internacional también se inclina hacia esta alternativa.

Estamos frente a un conflicto de identidades. La judía, por un lado, que hace un reclamo de tierras basado en el derecho divino; y la Palestina que hace lo propio basándose en siglos de asentamiento, aunque aún los palestinos no hayan nunca podido ejercer una soberanía real sobre dichas tierras. Ante todo, entonces, es un problema territorial, con la religión y la etnia como fuente de legitimidad.

Sea como sea, más temprano que tarde, los palestinos tendrán su estado. Y no porque hayan encontrado dirigentes con la capacidad de construir un proyecto político serio o con capacidad de actuar cohesivamente; tampoco porque hayan encontrado en sus eternos rivales judíos algún signo de compasión que derive en un reconocimiento certero del derecho a la autodeterminación. No.

Palestina va a tener su estado principalmente porque Israel lo necesita. La realidad demográfica de la zona lo exige. Sus vecinos árabes -con millones de palestinos distribuidos en centenares de campos de refugiados que en ciudades como Amman o Damasco son un barrio más, también lo necesitan.

Israel, que no puede extender la ciudadanía a 3.5 millones de palestinos ni seguir negándosela mucho tiempo más tiene que buscar la forma de eliminar una población que crece a tasas que triplica la israelí (menos en los asentamientos ilegales israelíes de Cisjordania donde llamativamente crecen a la par de los palestinos) Caso contrario, perdería la condición de ser el único Estado judío del mundo. En este sentido, creo que el israelí es un Estado tan teocrático como lo es, por ejemplo, el de Irán. Para el Estado de Israel , el judaísmo constituye su esencia y está presente en absolutamente todos los aspectos de la vida cotidiana. Los palestinos residentes en Jerusalén (que no son israelíes y que por desprecio ni lo serían) no tienen derecho a votar en elecciones nacionales. Tampoco tienen acceso a los mismos servicios de educación y de salud que sus pares israelíes. Con mirar nomás, se cae de maduro que los palestinos tienen salarios mínimos y tasas de desempleo descomunales. Una estadística incómoda y que huele mal: un palestino en Israel, es de segunda.

El dilema, entonces, se resuelve con un estado palestino. Lo más mini posible, claro está, pero un estado palestino al fín donde poder meterlos a todos juntitos y tenerlos bien controlados para que no hagan lío.

La última propuesta de paz medianamente seria fue hecha en 2002: reconocimiento al Estado de Israel por parte de todos los países árabes a cambio de un Estado palestino en las fronteras de 1967.

Paradójicamente, en junio de ese mismo año comenzó la construcción del muro que divide las tierras de unos y otros. Israel se defendió argumentando que no era una declaración unilateral de fronteras sino que surgía de la necesidad de proteger a sus ciudadanos. Esto último es, no obstante, bastante discutible. El “muro” (que viola el derecho internacional pero que es apoyado por una enorme mayoría de israelíes ) está compuesto por una serie de paredones de hormigón, cámaras de video, checkpoints, rejas, alambrados de púa electrificados, altas torres de control y militares que en “on” -o en “off”, patrullan la “frontera”.

Son 723km en total (5 veces mas que lo que media el Muro de Berlín), de los cuales (1) 409km (57%) ya están construidos, 66km (9%) están en construcción y 248km (34%) faltan construir. Una vez completado, el 14% estaré en la Línea Verde o en Israel; el resto, en Cisjordania. Cruzar a un lado es infinitamente mas fácil -o difícil, depende desde que punto de vista se enfoque esto - que cruzar al otro. No es un juego inocente y difícilmente se pueda dar marcha atrás.

Con una inversión estimada en 4 billones de dólares, el muro constituye un esfuerzo israelí por anexar tierras y recursos palestinos y sobre todo, anexar de facto a Jerusalén oriental, cuyo status jamás fue puesto en seria discusión. Es en Jerusalén oriental donde esta el Muro de los Lamentos, lugar emblemático donde los judíos profesan su religión y frente al cual lamentan la dispersión del pueblo hebreo.

El otro muro lamenta la dispersión del pueblo palestino. Peor aún: destruye a Palestina y la convierte en fragmentos inviables, con poblaciones enteras encerradas entre 3 o 4 paredes, sin derecho a la movilidad.

¿Qué pasara cuando se declare finalmente el Estado palestino y millones de personas hagan uso del derecho al retorno a sus hogares? Que pasará cuando quieran profesar su fé en Jerusalén, ciudad sagrada para el culto musulmán y que comparten con el Judaísmo por la vinculación obvia, ancestral, entre las dos religiones? Que pasará con el estado de sitio económico que pesa sobre los territorios palestinos? Que pasará cuando se sientan claustrofóbicos de vivir encerrados en una trampa mortal y sus vidas se tornen insoportables? No importa, eso no importa, es otro cuento.

Israel es una realidad histórica desde 1948; es indudable y negarlo seria tan necio como inútil. Aunque no creo que sean el pueblo elegido. No creo que ninguno otro lo sea. Los palestinos no piden mucho: derecho a tener un Estado independiente, en las fronteras de 1967 con derecho a profesar su fe en la ciudad sagrada de Jerusalén. Israel, que se siente mas avanzado que sus pares árabes y mas cerca de Europa por vínculos familiares, sociales, culturales y económicos tiene en sus manos la posibilidad de dar un ejemplo histórico y moral. Para empezar a buscarle solución al problema se requiere un poco de sensatez. No más.

6 comentarios

1 JVK Gómez { 05.07.09 at 17:52 }

Lo cierto es que a ese conflicto no le veo solución. De las dos partes hay tanto argumento valido que no sé, vuelve complicada cualquier alternativa superadora. No quisiera estar en los pantalones de palestinos o israelíes. En todo caso, buen material.

2 Martina { 05.11.09 at 20:51 }

Amen amiga.

3 Charles { 05.12.09 at 15:42 }

Yo siempre me pregunté, por ejemplo, que pasaría si los mapuches , mañana dicen que toda la patagonia es suya y quieren su estado allí, porque desde Roca para atrás les perteneció. Qué haríamos nosotros, los argentinos? resignaríamos lo que consideramos nuestro territorio? estaríamos dispuestos a presentar el pasaporte para viajar a Bariloche o Puerto Madryn?
Comparto la idea de la necesidad del estado palestino, pero no deja de sorprenderme lo simples que son los analisis como este , y de la mayoria de los conflictos externos, sobre todo tratandose de Israel.

4 Jean Paul { 05.13.09 at 13:11 }

Muy interesante comparación Charles, aunque un tanto anacrónica. Todavía hay muchos palestinos que nacieron antes de la creación del Estado de Israel, y por eso la intensidad del conflicto es mucho mayor que lo que pueden sentir los mapuches de hoy en día. Los dos Estados son necesarios, en mi opinión, para cualquier proyecto de paz realista. También lo son el sentido común y la disposición a ceder frente al otro. No creo que hayan soluciones en el corto plazo. Seguramente el conflicto dure otros cincuenta años y solo entonces las partes puedan llegar a un acuerdo.

5 ana { 10.30.09 at 9:00 }

Dios mio escucha mi suplica te pido la union de mi hijo debora y mi nieta jkuanita, que nada los separe que puedan perdonarse y estar juntos te lo pido desesperada por todo lo que te amo señor

6 martin { 10.30.09 at 22:49 }

la flasheaste ana

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