UN MAHMOUD ESCANDALIZA EL UNIVERSO DIPLOMÁTICO

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El Objetivo de la conferencia realizada en Ginebra la semana pasada era asegurar la continuidad de Durban I, organizada en Sudáfrica en septiembre de 2001 para luchar en forma conjunta contra el racismo. En aquella oportunidad una hoja de ruta que establecía un programa de acción fue firmada por 169 países. Durban II debía avanzar en relación a las recomendaciones y posicionamientos dispuestos anteriormente. Sin embargo, como adelantamos en las Veladas (http://www.lasveladas.com/2009/04/04/contra-el-contra-que-lleva-la-contra-del-contra/) , la conferencia dejó un sinsabor producto de desencuentros y enfrentamientos.
La nota del encuentro la dio Mahmoud Ahmadinejad y sus controvertidas declaraciones. El presidente de Irán criticó en su discurso del lunes la creación del estado de Israel después de 1945, asimilándolo a un gobierno racista. “Después de la segunda guerra mundial – afirmó - los aliados recurrieron a la violencia y a la agresión militar para expropiar tierras a una nación entera bajo el pretexto del sufrimiento judío cuando en realidad estaban armando una base militar para custodiar sus intereses en medio oriente (…) Enviaron colonos de Europa, EE.UU y del resto del mundo para establecer un gobierno racista en una Palestina invadida.”
Tras unos minutos que sirvieron para que más de uno se repusiera de tremebundas palabras, Mahmoud prosiguió, cual perro sin cadena: “hay que hacer esfuerzos para ponerle fin al abuso sionista”. Estas palabras provocaron que 23 representantes abandonaran el recinto mientras otros tantos abuchearan ambas estrategias de provocación.
Creo que el discurso incendiario de Mahmoud estaba totalmente fuera de lugar en una conferencia que tiene como objetivo consolidar vínculos basados en la diversidad y la tolerancia. Pero la reacción de algunos representantes Europeos tampoco demuestra madurez diplomática; ni siquiera sentido de altura o como se dice en el barrio, “cintura para manejarla”.
Lo que este incidente reveló es que Durban II emerge como la conferencia que pone de manifiesto la ausencia de una visión unitaria entre los diferentes miembros de la U.E. Podría decirse que mientras que algunos países (Italia, Holanda, Alemania y Polonia) ya se habían bajado de antemano de forma unilateral y a pocos días de que la conferencia comenzara, la actitud de algunos representantes europeos parece cuanto menos apresurada y un poco infantil. Abandonar la sala es un acto absolutamente timorato y descalificador para con los objetivos del encuentro - especialmente si tenemos en cuenta nuevamente que todas las demandas europeas fueron acatadas cual mandatos a la hora de la elaboración final del texto -.
Con respecto a la redacción del documento, la U.E. adoptó una posición intransigente en las negociaciones al declarar que boicotearía Durban II si aquellos elementos “inaceptables” figuraban en la declaración final. El mensaje fue claro y directo: No a la estigmatización de Israel, Nada de hablar de reparaciones por el colonialismo africano, y sobre todo, Nada de creación de una norma contra la difamación de las religiones (propuesta por los estados islámicos en relación a la islamofobia construida enredador de las religiones árabes). Esto “condenaría a todo el sistema de derechos del hombre a una revisión integral”, habría afirmado un diplomático Inglés y, ese, obviamente, es un trabajo muy duro.
Para que se llegue a firmar el celebrado y ansiado documento, un grupete de artesanos expertos en giros lingüísticos y correcciones diplomáticas se encargó, durante el mes de Marzo, de “limpiar” el texto según los intereses Europeos, contribuyendo a la confianza en las delegaciones occidentales que, en febrero, habían puesto en jaque a Durban II. Finalmente, fueron eliminados todos los temas sensibles - por no decir comprometedores y comprometidos con un cambio concreto y consecuente con el espíritu del encuentro - del proyecto de declaración final.
Lamentablemente, el proyecto de declaración final se ha transformado en un rechazo explícito al concepto de difamación de las religiones; concepto que ha demostrado no ser muy popular para varios países europeos. Más aún, ha demostrado no tener ningún tipo de consenso internacional. Uno de los hombres que mas ha contribuido en la realización del proyecto y la conferencia es el Ruso Youri Boychenko quien afirmó enérgicamente que “La U.E. esta dividida (…), el abandono de algunos de sus países más representativos es un duro golpe para el conglomerado transnacional que una vez más estará puesto en duda. Lamento personal y profundamente la campaña de desinformación sobre la conferencia y sobre el proyecto de declaración que algunos países llevaron a cabo de forma conjunta y planeada.”
En este marco de actitudes esquizoides y declaraciones resentidas, que nos hacen pensar al conventillo de Operación Triunfo, habrá que elogiar al embajador Palestino, Ibrahim Khraishi, quien declaró, casi resignadamente, que no veía la necesidad de impedir el consenso y que aceptaba que no se hiciera mención alguna sobre el conflicto palestino-israelí en el documento; para Palestina, de todas maneras, la conferencia significa “un gran paso” para las naciones como la suya, víctimas de persecuciones y conflictos armados. En la misma línea, Pakistán, otrora criticada por sus posicionamientos radicales, ha jugado un rol particularmente positivo y conciliatorio. Egipto, en colaboración con Bélgica, jugó un papel importante a la hora de los consensos. Los estados de América latina también cumplieron un rol de locomoción importante; inclusive Cuba dejo de lado su retórica neo-marxista-ortodoxa, para adoptar un rol mediador.
El gran ausente fue sin duda EE.UU Su boicot contradice a priori el deseo de Barack - alias “yes we can” - Obama de apoyar el consejo de derechos del hombre. Sin duda, la Casa Blanca juzgó que no era apropiado para la administración exponerse a un enfrentamiento con el presidente Iraní. En otras palabras, se les frunció el esfínter.
De todas formas habrá que reconocer que Mahmoud – alias “cocorito” - Ahmadinejad es uno de esos hombres que no le temen a las controversias y que afirman sus creencias y convicciones con vehemencia y sin adornos, palabras elegantes o sobreentendidos. Unos días antes de la conferencia había acusado a Israel de ser “el abanderado de la lucha racista”. El líder Iraní es, sin duda, alguien que divide, pero para alzarse como “the bigger person”, los políticos del autoproclamado primer mundo deberían hacer más que dejar una silla vacía, vacía de interlocutor, de respuesta, de idea y de coraje.
Toda esa pantomima del escándalo y la indignación engrandece la imagen de un personaje ambivalentemente siniestro y caricaturesco, por un lado, y oblitera la posibilidad de repensar las consecuencias del accionar europeo-norteamericano de los últimos 60 años, con un interlocutor real y, aunque posiblemente fundamentalista, de carne y hueso.
Con la adopción de la declaración del martes, la U.E. se anota una excelente victoria diplomática; fue todo como lo quiso la nenita malcriada y chillona. Sin embargo, la desunión y las actitudes caprichosas, infantiles y cegadas de las potencias económicas del mundo deberían hacernos pensar acerca de los imaginarios asignados que suelen construirse alrededor de diferentes y cada vez más próximas culturas.
2 comentarios
Pese a no compartir nada (o casi) de lo que dice, piensa y hace el líder iraní, sobre todo cuando aprovecha toda ocasión para fundamentar su antisemitismo y negacionismo, le doy la derecha en cuanto a que Israel de hecho ES quien cuida los intereses norteamericanos en Medio Oriente.
Se me ocurre pensar que, considerando que en Norteamerica vive la comunidad judía más grande del mundo, los intereses a custodiar no necesariamente son los de los WASP (White-Anglo-Saxon-Protestant). Tal vez simplemente se juntaron el hambre y las ganas de comer. Es para seguirla…
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