¿QUÉ PASÓ EN CATAMARCA?

Claramente, si la elección legislativa local de una provincia con cerca del 1% de la población argentina adquiere la repercusión nacional que la de Catamarca ha tenido, es que algo está pasando.
En realidad, no debería extrañar a nadie que ganara el Frente Cívico en Catamarca. La creciente territorialización de la política ha provocado que la mayoría de los gobiernos provinciales continúen ganando elecciones, en desmedro de partidos opositores desgastados y con escasos recursos. De hecho, es necesario que aparezcan situaciones extraordinarias para que pierdan.
La principal razón de por qué esta elección se nacionalizó - y no es ninguna novedad - es que el Gobierno así lo quizo. Por supuesto, tras la derrota, la explicación oficial desligará al matrimonio presidencial de toda vinculación con los comicios catamarqueños.
¿Ahora bien, por qué Néstor Kirchner decidió jugar tan fuerte en Catamarca, donde las posibilidades concretas de ganar eran, por decirlo de algún modo, tan escuetas?
Un primera explicación podría ser que realmente creyera en un triunfo del FPV.
Otra posible hipótesis es que políticos él como jamás se dan por vencidos y ni dejan batalla alguna sin pelear.
También podría pensarse que, sabiendo del efecto negativo de su presencia, quizo arrastrar con él a enemigos internos del PJ como Barrionuevo o Saadi.
Sin embargo, parece que la opción más creíble es que los Kirchner no quieren ni pueden resignarse a dejar de jugar un papel protagónico en ninguna elección provincial.
Haber dado un paso al costado en Catamarca le hubiera significado a Néstor sentar un peligroso antecedente para los comicios que se avecinan en otros distritos de mayor relevancia, especialmente en los grandes municipios del GBA.
Si el Gobierno Nacional no tracciona votos a los líderes locales, y lo reconoce de manera implícita al no participar activamente en la campaña, es difícil que pueda controlar la conformación de las listas.
Por ende, dejar pasar una elección equivale a decirle a los barones del PJ: “vayan nomás buscando quién me reemplace”. Como es bien sabido, en política todo espacio vacío se llena rápidamente.
Dificil disyuntiva para los Kirchner: mantener el protagonismo y perder votos, o pasar al ostracismo y perder poder.
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