ROBESPIERRE, ARGENTINA 2009

Maximilien Robespierre, líder del gobierno jacobino “de salvación pública” durante la Revolución Francesa, ideólogo y artífice del “terror” republicano contra la reacción, apodado “el incorruptible” y de quien, prologando un libro de discursos suyos de Eudeba, Horacio Sanguinetti dijo - en las que considero las palabras más lindas que escuché sobre este controvertido personaje central de la historia moderna - : “de él puede decirse que hoy cada hombre le adeuda por lo menos algo de su dignidad cívica y de su sitio sobre la tierra”, nos sigue hablando, a 215 años de su muerte.
Robespierre, que era un abogado de la pequeña burguesía de Arras, al norte de Francia, hizo que miles de cuellos sintieran, para separarlos del cuerpo en un segundo implacable, el filo de la guillotina (filo que él también termino probando). Por eso, reivindicar su figura, sigue siendo para un amplio sector de la sociedad francesa, descabellado por inmoral. Sin embargo, pensar que muy probablemente, de no haber nacido Robespierre, seríamos menos libres, me lleva a rescatarlo.
Quiero compartir con ustedes algunos párrafos de un discurso de este orador de prosa genial y punzante, en los que reivindica el intervencionismo estatal y que me resultan muy pertinentes en un país como el nuestro, que nunca dejó de ser el granero del mundo porque produce alimentos para más de 300 millones de personas, pero que aún sigue padeciendo la ignominia del hambre. También creo que nos pueden servir para pensar el conflicto del campo, siempre latente, desde un lugar distinto, por encima del enfoque ganancial de los productores o a mi entender puramente recaudacionista (para que y para quienes, no es un detalle) del gobierno nacional.
2 de diciembre de 1792, ante la Asamblea Nacional:
“Hablar a los representantes del pueblo de los medios para atender su subsistencia no es solamente hablarles del más sagrado de sus intereses; porque, sin duda, estos se confunden con él. Pero no es especialmente por la causa de los ciudadanos indigentes por la que quiero abogar, sino inclusive la de los propietarios y comerciantes…no se trata de crear brillantes teorías sino de retornar a las primeras nociones del sentido común”
“En todo país donde la naturaleza cubre con prodigalidad las necesidades humanas, la escasez no puede imputarse sino a vicios de la administración o de las leyes, y las malas leyes y la mala administración tienen origen en falsos principios y en costumbres corruptas”
“Se reconoce unánimemente que el suelo de Francia produce más de lo necesario para nutrir a sus habitantes y que la escasez actual es ficticia. Pero no es el momento de quejarnos o lamentarnos, Ciudadanos, a vosotros está reservado hacer triunfar leyes justas”
“Los errores cometidos provienen de dos causas:
- 1- Los autores de la teoría han considerado los artículos de primera necesidad como mercaderías comunes, y no han formulado diferencia alguna, por ejemplo, entre el comercio de trigo y el de índigo, le ha interesado más el comercio de granos que la subsistencia del pueblo; y omitiendo en sus cálculos estos datos elementales han aplicado falsamente principios correctos; es esta mezcla de verdad y error lo que ha teñido de verídico un sistema equivocado”
- 2- Mucho ha preocupado el provecho de los especuladores y los propietarios, y casi nada la vida de los hombres. Porque eran los grandes, los ministros, los ricos, quienes legislaban y gobernaban. ¡Si hubiese sido el pueblo, es probable que semejante sistema sufriera modificaciones!
“¿Cuál es el fin primordial de la sociedad? Mantener los derechos imprescriptibles del hombre. ¿Cuál es el primero de esos derechos? El de existir. La primera ley social, es por lo tanto, la que asegura a todos los miembros de la sociedad los medios de existir, las demás están subordinadas a ella. La propiedad no se ha instituido o cimentado sino para garantizarla. Desde luego, es para vivir que se tienen propiedades. Los alimentos necesarios al hombre son tan sagrados como la vida misma. Cuanto sea indispensable para conservar la vida es propiedad común de la sociedad entera. Sólo el excedente puede abandonarse a la propiedad individual y a los comerciantes. Toda especulación mercantil que yo haga a expensas de mi semejante no es comercio, sino latrocinio y fratricidio”
“¿Cuál es el problema, en materia de legislación sobre subsistencias? Asegurar a todos los miembros de la sociedad el goce de la porción de productos de la tierra que sea necesaria para su existencia, a los propietarios o productores el precio de su trabajo; y abandonar lo superfluo a la libertad de comercio”
“Desafío al más escrupuloso defensor de la propiedad a negar estos principios, a menos que confiese, entender por derecho de propiedad el de despojar y asesinar a su prójimo”
“¿Cómo entonces se puede pretender que cualquier limitación, o mejor dicho, que cualquier reglamentación de la venta de trigo sea un atentado a la propiedad, y disfrazar este sistema bárbaro bajo la denominación hipócrita de libertad de comercio”
“Indudablemente si todos los hombres fueran justos y virtuosos, si la codicia nunca tentara de devorar la sustancia del pueblo, si dóciles a la voz de la razón y la naturaleza de los ricos se sintieran ecónomos de la sociedad y hermanos del pobre, no cabría admitir otra ley que la libertad más ilimitada. Pero si es verdad que la avaricia especula con la miseria, y la misma tiranía con la desesperación del pueblo, si es verdad que todas las pasiones declaran la guerra a la humanidad sufriente ¿Por qué las leyes no han de reprimir tales abusos?”
“Legisladores, acordaos, que no representáis a una casta privilegiada sino al pueblo francés. No olvidéis que la fuente del orden es la justicia, que la garantía más segura de la tranquilidad pública es la felicidad de los ciudadanos, y que las largas convulsiones que destrozan a los estados no son, sino el combate de los prejuicios contra los principios, del egoísmo contra el interés general, del orgullo y las pasiones de los poderosos contra los derechos y las necesidades de los débiles”
Aclaro, para terminar, que este post no es una defensa del gobierno K. Nunca lo haría con alguien a quien, a diferencia de gran parte de nuestro espectro político, llamaban como llamaban. Sólo pienso que ojala los pobres del país tuvieran a un “incorruptible” para que los defendiera. Es interesante destacar que Robespierre era un burgués que no renegaba de su clase, no era un socialista utópico.
1 comentario
me encantó la nota gato
vivan las veladas.
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