LA MONEDA O EL BILLETE

“Piñera no va por la Moneda, va por el billete” dice un afiche en Santiago, reflejando la preocupación que sienten algunos chilenos ante la posible - y probable - llegada de Sebastián Piñera a nuestro palacio presidencial, La Moneda. Y es que este coquetón - con sus millones, sus acciones en la bolsa y su canal de televisión - es quién lidera las encuestas de cara a las próximas elecciones de diciembre. Y hace ya más de 50 años que la derecha no llega al poder en Chile en una elección democrática.
Pero vamos por partes: a diferencia de Argentina, el sistema político chileno es o parece ser más “ordenado”, es decir, tenemos izquierda, centro y derecha; y logramos distinguir más o menos a unos de otros (me disculparán, pero es que cada vez que converso con un argentino sobre el tema llego a la “elaborada” conclusión de que casi todas sus personalidades políticas son peronistas y están en completo acuerdo y desacuerdo a la vez).
En Chile, dos grandes coaliciones se disputan desde el regreso de la democracia los puestos gubernamentales, parlamentarios y municipales: la “Concertación de Partidos por la Democracia” (o simplemente “concertación” - nombre heredado de la época del plebiscito que derrocó a Pinochet), integrada por partidos de centro-izquierda; y la “Alianza por Chile”, formada por los dos partidos de la derecha - Renovación Nacional (liberal) y Unión Demócrata Independiente UDI (conservadora y defensora del “legado” de la dictadura militar). Al lado de ellos, otros partidos políticos con menos adeptos se encuentran excluidos de la vida política por mecanismos electorales instaurados cuando terminaba la dictadura, que siguen aún vigentes.
Piñera, abanderado de Renovación Nacional, es el candidato proclamado de la Alianza por Chile. Es un acérrimo defensor de la libertad de mercado, y cómo no, si es uno de los principales accionistas de LAN Chile, es dueño de un canal de televisión abierta y tiene participaciones en numerosas empresas. Según la revista Forbes, tiene un patrimonio estimado de 1.200 millones de dólares. Todo un Berlusconi. En fin, más allá de afinidades políticas, su probable elección es un caso perfecto para debatir sobre los riesgos de la concentración de los poderes político, económico y comunicacional. Muchos dicen que antes de ser presidente, debería vender todas sus acciones. Yo no sé si alguien que lleva décadas haciendo negocios puede ser obligado a deshacerse de todo para estar cuatro años en la presidencia. ¿Después qué? La verdad es que no tengo una opinión tajante al respecto.
Y frente a Piñera, Eduardo Frei, demócrata-cristiano. Y si ese nombre les suena, es porque ya fue presidente, entre 1994 y 2000. Dejó en el camino a la candidatura de la Concertación a dos socialistas: José Miguel Insulza, apodado el “Pánzer” y actual secretario general de la OEA, y Ricardo Lagos, también ex - presidente. Y si los dejó en el camino no fue porque la Democracia Cristiana sea más popular que el Partido Socialista (en realidad es al revés), sino porque todos pensaron que Frei tenía más posibilidades de “robarle votos” a Piñera. Y aunque suene un poco ingenuo, me parece triste que el factor principal a la hora de elegir un candidato interno no sean sus ideas o su programa, sino sus posibilidades de ganar. Es un síntoma de que la coalición que gobierna el país hace ya 20 años no está logrando renovarse, y de que no encajaría nada bien una derrota electoral.
A veces me digo que un poco de alternancia en el gobierno no estaría tan mal. Pero la verdad es que cuando pienso en el adversario, me siento más perdido que chancho en misa.
De aquí a diciembre, quién sabe qué va a pasar. Por ahora, y aunque parezca extraño, la crisis ha favorecido al gobierno. Después del desastre del Transantiago - nuevo sistema de transporte público en Santiago que empezó a funcionar (pésimo) hace 2 años y que casi provoca un estallido social - la popularidad del actual gobierno de Michelle Bachelet estaba por el piso. Actualmente, ciertos efectos puntuales de la crisis internacional se han hecho sentir. Sin embargo, los efectos más “visibles” - desempleo sobretodo - aún no se dejan ver. Por otra parte, la inflación, que había alcanzado en 2008 niveles no vistos por décadas en Chile, se redujo drásticamente (en los últimos meses se registró incluso una inflación negativa). Y aunque la deflación sea negativa a largo plazo para la economía, en el corto plazo no hay nada mejor para la popularidad de un gobierno que los precios bajen o se mantengan estables.
En conclusión, mi predicción es que si de aquí a diciembre los efectos “visibles” de la crisis no se hacen sentir, hay oportunidades para que tengamos un remake de los años 90 con Frei en la presidencia. Al contrario, si se agravan los problemas económicos, se reduce el crecimiento y aumenta el desempleo, va a entrar el coqueto con billete a La Moneda.
Leé un nota posterior de Miquel Jordana sobre las pasadas elecciones presidenciales chilenas, aquí: NO GANÓ PIÑERA, PERDIÓ FREI
3 comentarios
Hola Mica, que gusto leer tu post y ponerme al tanto de la actualidad chilena. Un comentario sobre el sistema político. Es verdad que tienen menos partidos, y un panorama más equilibrado que el argentino. Según tengo entendido, se debe en buena medida al sistema electoral mayoritario que hace que solo sobrevivan los más votados. un fuerte abrazo trasandino
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[...] Leé una nota anterior de Miquel Jordana sobre el clima pre-electoral en Chile, aquí: LA MONEDA O EL BILLETE [...]
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