BIENVENIDO A YELLOWS AIRES

Es impresionante caminar por la calle y ver a diestra y siniestra la cantidad de carteles amarillos que instala el Gobierno de la Ciudad todos los días en cada obra que realiza. Hasta los obreros que trabajan en esas obras llevan pecheras amarillas. E incluso las grúas que se llevan los autos mal estacionados circulan por la ciudad pintadas con este llamativo color patito.No es necesario haber estudiado marketing político para intuir que el objetivo del gobierno de la ciudad detrás de este efusivo entusiasmo amarillista consiste en que intentar que la gente asocie lo máximo posible las obras de la ciudad con el partido gobernante. Hoy en día, la Capital Federal ha sido inundada por el color que el asesor de imagen ecuatoriano Jaime Durán Barba logró imponer en la identidad de Pro durante la campaña a Jefe de Gobierno de 2007 (antes la alianza de Macri y López Murphy llevaba un aburrido azul oscuro).
Para ser justos, la tendencia a utilizar la comunicación oficial para hacer campaña política empezó mucho antes de la actual gestión porteña, y dista mucho de limitarse a la Capital Federal. Para convencerse, vayan a conocer Malvinas Argentinas, donde incluso los carteles con nombres de las calles llevan la inscripción “Int. Jesús Cariglino”.
En la ciudad de Buenos Aires, la primera piedra la tiró Aníbal Ibarra cuando, con discutible buen gusto, instaló en las comunicaciones del gobierno porteño el uso del naranja y negro. Tanto los carteles como la página web de la ciudad ostentaban estos dos colores.
Después de Cromagnón y el juicio político que destituyó a Ibarra, Telerman no se privó de imprimirle su toque personal a las carteleras porteñas, y llegó la “Actitud Buenos Aires”. Es verdad que mostró algo más de buen gusto y mayor originalidad que su antecesor (en este momento recuerdo un afiche en donde se veía una imagen de la cabeza pelada de Telerman onda Andy Warhol), pero también se excedió más de la cuenta durante la campaña de la ciudad a mediados de 2007 cuando inundó la ciudad con carteles “Gestión Telerman”, donde su nombre llegó a aparecer en letras más grandes que los insignificantes anuncios que publicitados.
Con Macri y su Pro ahora pasa algo similar. Es interesante ver en las primeras semanas de cada Gobierno cómo lentamente se inicia la transición entre los carteles de unos y otros. Al principio, sólo es la tipografía de las letras. Sigue la tonalidad de los colores. Un buen día, se decide abandonar las apariencias, y la ciudad amanece llena de grandes carteles amarillos con la letra H. En mi ingenuidad, recuerdo haber creído que se estaba anunciando la inauguración de una nueva estación de subte. Y de ahí a pintar un puente de amarillo hay solo un paso. Por las dudas todas las mañanas cuando cruzo la 9 de Julio miro el obelisco de reojo…
La utilización de la comunicación oficial para campañas políticas es una práctica condenable. No solo utiliza fondos públicos para fines privados. También genera una fuerte desventaja para la oposición que no puede igualar el presupuesto oficial. Dicho de otro modo, no es solo una malversación de fondos públicos sino que también es hacer trampa en la contienda electoral.
La utilización del amarillo por el Gobierno de Macri y, antes que él, la mención “Gestión Telerman” en los anuncios de la ciudad son ejemplos de apropiación indebida de la comunicación oficial para fines políticos de los gobernantes. Una posible solución para evitar este problema podría ser remitir al voto ciudadano la elección de los colores de la ciudad (como cuando hace unos años se eligió la bandera de la Pcia. de Buenos Aires). Otra medida interesante sería prohibir los carteles, pautas, y publicidades oficiales en años electorales, o al menos unos meses antes de la elección.
Muchas veces se pide a los gobernantes que mantengan una continuidad en las políticas de gobierno de las distintas gestiones. En ese reclamo, subyace es la idea de que el Estado no debería quedar a la merced de los individuos que, en una república, ocupan transitoriamente el poder. Sería bueno que Macri, que tantas veces critica los vicios de la vieja política, corrija este tema de una vez por todas.
4 comentarios
Jean Paul, en muchos post comenté lo mismo….lamentablemente no hay regulación sobre este tema asi q los tipos pueden hacer lo q gusten.
besos
Veo complicado que Macri corrija algo que planificó y se ocupó de implementar (con notable éxito -sus números de popularidad en la ciudad siguen altísimos-).
Y por otro lado, seamos realistas. TODOS los políticos usan dinero público para obejtivos personales. Aunque algo iluso de mi parte, considero que (siempre con el objetivo de llamar la atención del electorado) pudiendo hacer actos multitudinarios e inservibles -con reparticion de planes y choripanes-, arreglar calles y abrir estaciones de subte y anunciarlos con colores fluorescentes habla bien de Mauri y Gaby
Sí, todos los políticos roban, todos mienten, etc….
No me importa que todos los políticos usen pautas y carteleras oficiales financiadas con fondos públicos para hacer sus propias campañas. Está mal y punto. En el caso de Macri me molesta más porque siempre habla de la nueva política y de que “esto es pro, esto no es pro…”. Pintar el Gobierno de la Ciudad de amarillo no es pro; es adueñarse de una institución que pertenece a los vecinos que lo votaron. Es probable que Macri ni siquiera sea el que más recurre a este tipo de prácticas, pero su discurso lo condena. Algo parecido pasaría con Carrió, supongamos, si alguien le descubriera algun caso de corrupción, por más pequeño que fuera.
Deberíamos diferenciar la publicidad de obras que lleva a cabo cualquier gobierno, con la propaganda. Creo que sos dos cosas totalmente distintas y a las cuales las separa una delgada línea. Que todos los gobiernos cruzan. Si no está legislada como comenta Princesa, debería estarlo y esa normativa estar detallada en el presupuesto de cada municipio, Provincia, etc…
Llendo un poco más atrás, no recuerdan las zapatillas que Ruckauf regalaba con su firma, miéntras era gobernador de la provincia de Buenos Aires ?
Igualmente, pienso que el error es de todos los ciudadanos que “votamos” a quienes nos gobiernan. No son extraterrestres…
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